Trilogía: De las cenizas

Una toma decisiones. Una cambia. Una se deja llevar… Ahí me encuentro hoy, en otra ciudad, una donde todo es distinto.

Buscando respuestas y quizás un cambio de destino radical. Olvidar todo, guardar los días de locura en algún clóset.

Lo pensé mucho, tanto que me cansé. Tanto que no hay respuestas por ahora.

Tomé mis maletas, dejé muchas cosas… Tacones, vestidos, pelucas, ropa y más ropa.

Recuerdos al por mayor y al por menor. Pedazos de mí en las paredes y en las calles.

Meses han pasado, sin que hiciera nada. No tener nada y estar en un espacio poco amigable para lo que soy, es un barrera de contención única y casi infranqueable.

Los sueños húmedos y el porno ayudan. Pero al final sigues siendo tú.

Extraño el calor de un cuerpo, el aroma del maquillaje, el tacto de un lindo vestido.

Pensé que podría.

* * *

Ángel se sacude al  eyacular en mi cara. Lo disfruta enormemente. El pegajoso líquido que brota de su verga, es su manera de hacerme suya.

Tiene 51, es divorciado. Sus hijos ya son todos mayores.

Él también quiere una nueva vida, la cual empezó con un anuncio en un sitio local.

‘Busco pasivo femenino’

Pronto nos dimos los teléfonos y chateamos por Whats.

Un sábado nos encontramos en un centro comercial.

Supongo que era lo que el buscaba. Nos montamos en un auto. Terminamos en mi departamento y platicamos largo rato.

Con unas cervezas encima no era difícil imaginar que seguía.

Terminó pronto. Yo estaba nerviosa. Temía que me doliera como antes, como al principio.

Mi ano pronto recordó que se sentía una verga.

Ahí quedó nuestra primera cogida. Exprés, intensa y tropezada.

* * *

No tardé mucho en contarle de mí. Mientras lo hacía le daba una rica mamada a su enorme verga. Cada palabra que decía entre chupadas, hacía que le pusiera dura y más dura. Hasta que una enorme cantidad de semen brotó.

Me senté a su lado mientras descansaba y le mostré mis fotos.

-Te quiero tener así

Obvio, le dije que no se podía porque no tenía nada. Le expliqué que me había deshecho de todo. Mis palabras no le bastaron.

A Ángel le gustaba que yo estuviera desnudo todo el tiempo. Supongo que así hacerme suya con las nalgas siempre a la vista, sería más rápido.

A veces venía y para contarme algo o sólo para que no estuviera solo. Y de antemano, sabía que en cuanto entrará tendría que quedarme sin nada.

Esta ocasión no era la excepción.

Ángel insistió pese a mis -según yo- justificadas negativas.

Él no era un hombre que acepta ‘no’ de una chica tan fácil.

Me llevó a la orilla de sofá y comenzó a penetrarme. Pellizcaba mis pezones fuertemente.

-Sigues diciendo que ‘no’

Confirmé con la cabeza.

Cada vez que lo rechazaba me cogía más duro.

Sus embates comenzaba a hacerme daño y él lo sabía.

-A ver perrita, no estás entendiendo la cosa. Quien manda aquí soy yo.

-Para, me haces daño

El ardor en mi ano causado por el implacable entrar y salir, sólo era soportable por el placer de que te supliquen de esa manera.

Le faltaba el aire, tenía la cara roja… pronto terminaría aquella tortura.

Sin embargo, me rendí primero.

-Lo haré, pero para me está doliendo mucho

Aquellas palabras fueron un bálsamo para él.

La sacó de mi culo sin venirse. Guardó su pene -aún duro- en la trusa  y cerró el zipper del pantalón.

-Bien perrita, te veo después.

Salió del departamento, después de darme un profundo beso.

Esa experiencia me dejó no sólo adolorido, sino confundido sobre muchas cosas.

* * *

Evité a Ángel por semanas.

Pero como dije antes, él no es de los que se rinden fácilmente.

De la recepción me llamaron, había un paquete para mí. Una caja sin mucha gracia. La abrí hasta que llegue a casa.

Era un vestido corto azul. Evidentemente no era de mi talla. Venía el ticket y una tarjeta:

Espero haberle atinado a tu talla. Por si acaso te dejo el ticket. Mi verga te extraña perrita, así que no te hagas pendeja. Ya quiero ponerte en cuatro con tu carita de mustia bien maquilladita y tus taconcitos. Con esa boquita de mamona que tienes bien pintada de rojo. Ya quiero escuchar esa voz de niña bien que tienes, rogándome para que te la saque. Porque que te voy a coger más duro que la última vez.

Al leerla la nota, se me paró. No todos los días te prometen el paraíso y… el infierno en un solo boleto.

Le mandé un Whats:

-Dame un mes. El 24 de junio ven a mí casa. Hasta entonces.

En esos días meses me dediqué conseguir todo lo que necesitaba. Primero cambié el vestido. El maquillaje fue fácil al igual que la tenga y el bra. Los tacones y la peluca corta que pedí apenas llegaron  a tiempo.

* * *

Ese sábado, me tocó ir a trabajar. El despertador sonó y había un mensaje en mi whats:

-Después de las 10 de la noche me doy una vuelta por tu casa perrita. No me quedes mal, mi vida. No me la he jalado en un rato para darte tu lechita.

La mañana y la tarde pasaron sin grandes sucesos. Plática casual en la oficina, acompañada de qué vas a hacer al rato y nada más.

Los nervios me alcanzaron cuando entre a mi depa. Fumé y me bañé. Me quedé un rato desnuda contemplando mi segunda piel sobre la cama.

Comencé a vestirme sin mucho afán. Comencé con la tanga. Al ocultar mi flácido  pene entre las piernas y esa diminuta prenda, una energía recorrió mi cuerpo desde los pies hasta el cabello.

Sin notarlo y como si me hubiera perdido en un sueño, ya estaba dando los últimos retoques al maquillaje.

Pinté mi boca de carmín y calcé los tacones

Pasaba de las 9, y como buena señora madura me puse a hacer cosas de la casa.

El reloj marcó las 10, las 11, las 11:30… 11:40… 11:50… 12:05…

-No vendrá

Quizás un poco aliviada me hice un té y busqué un cigarro.

-Me lo termino y me desmaquillo

Del tabaco sólo quedó el filtro. Me levanté y enfile al baño. Agité el desmaquillante y un mensaje iluminó la pantalla de mi teléfono.

-Perrita, estoy abajo. Sal

¿Salir? ¿Qué pedo? Bajé los tres pisos con los tacones en las manos para no hacer ruido, de pasada un madrazo inminente.

Presioné el botón del portón. Afuera estaba la camioneta de Ángel. Estaba sentado mirando la oscuridad de la noche.

Jalé la manija y me metí.

-Pinche cabrón, ¿Quién te crees? Quedamos a las 10 y que es esta mamada de hacerme salir. Ya sabes cómo son las cosas aquí ¿Qué chingados tienes en la cabeza?

Ángel me miraba con una sonrisa ante el pancho que le estaba montando.

-¡No te rías, lo digo en serio!

-Cabrón si que te transformas. Hasta te comportas como vieja

Puso su manaza en mi piena. Encendió la luz del interior del vehículo y me revisó toda.

Sus ojos se llenaron de lujuria.

Acercó su cara a la mía y me dio un profundo beso. Su lengua se amarraba a la mía.

Lo empujé. Y le dije que no saldría así.

Estaba a punto de abrir la portezuela cuando me sujeto del brazo

-Mira pinche Rafa. Me valen verga tus desmadritos. Eres un pinche putito que le encanta que le den por detrás. Y sólo debes tener claro, que eres mi puta. Y de ahora en adelante sólo vas a ser mujercita cuando estés conmigo.

Me quedé en silencio ante el regaño.

-Así que empieza a olvidarte de esa actitud de ‘que el mundo no te merece’, porque hoy voy a borrarte esa jeta de pinche niña fresa mamona, que habla bien acá y que cree que lo sabe todo. Y de esa mirada altanera, mejor vele diciendo adiós princesita, porque tú y yo sabemos que por tu culo ya han desfilado muchos.

Ángel arrancó. Estuvimos dando vueltas por un rato. Nadie hablaba. Obviamente tenía cara de enfado. Una estación transmitía rock es español y me perdí por unos minutos entre las letras. Giré la manivela de la puerta para que entrará aire fresco y encendí un cigarro.

-¿Qué piensas?

Por fin habló

-Nada que tienes razón, en algunas cosas.

-Mira perrita, acéptalo es todo y tendrás menos broncas. Si eres puto eso eres, si eres mujercito eso eres. Estás bien pendeja porque con ese cuerpo y esa cara ya te hubieras operado y mínimo en una esquina sacas lo que te gastaste en la operación. Ya estás ruca ni pedo. Yo me casé. Eso nos hace bien pendejos.

-Pues sí

-Te traje lo que me pediste.

Ángel me acercó una bolsita con unas pastillas.

-No se si sean tachas o no. Se las robé a uno de mis hijos.

Desde la universidad no me metía una, así que me habían dado ganas de probar una. Le comenté y me dijo que su hijo se metía esas cosas cuando iba a esos de música electrónica que frecuentaba.

La puse en mi lengua y empece a sentirme eufórica, liberada… y bastante parlanchina.

Perdí un poco la noción del tiempo y la ubicación. Bajamos, subimos calles. Regresamos y  seguimos. Ángel tenía ganas de manejar.

Sin avisar se detuvo bajo un puente peatonal.

-Bájate aquí

Sin replicar lo hice. En cuanto cerré la puerta, Ángel se arrancó.

* * *

Avancé unos metros para guarecerme bajo una luminaria. Extrañamente estaba muy tranquila, tanto que saqué con calma la cajetilla de Camel y encendí uno, buscando una salida en el humo.

Alguno que otro vehículo pasaban delante de mí sin notarme o ignorando mi presencia de manera voluntaria.

A diferencia de la CDMX, aquí siempre hace calor y en las noches en esta época del año apenas refresca.

Busqué mi teléfono, para pedir un Uber. No había ninguno cercano. Empezaba a caer en pánico.

15 minutos después Ángel regresó con varias cervezas.

-A poco te asustaste

-Sí

Lo abracé y lo besé

-Te dije que te iba a quitar lo mamona. Échate una pa’el espanto.

-Compadre, presente a la ‘princesse’.

En la carrera no noté que había alguien atrás.

-Mija dile cómo te llamas

-Paloma

-Hola, mi reina pásate para atrás para que platiquemos. El pinche Ángel es bien aburrido o ¿No, Palomina?

-Más o menos

-Pásate para atrás y atiéndelo, ya sabes que no soy celoso, je, je, je

Ángel se detuvo un segundo a comprarme cigarros en Oxxo, aproveché para hablar con el ‘Compadre’.

Tendía unos 35 años, era delgado, olía a cigarro. Su cabello era muy corto.

Empezamos a platicar de tonterías mientras Ángel era nuestro chofer.

-No mames pinche Ángel, tu puta está rebuena. Lastima que tiene mecha. ¿Oyes, y es apretada o presta? Porque tiene cara de súper pinche mamona

-Ya la adiestré para que sea buena puta, así que dale

Al oir, eso el ‘Compadre’ que se llamaba Pedro comenzó a fajarme sin inhibición alguna. A besarme con esos besos, que dejan marca. Bajo su pantalón una verga más grande que la de Ángel humedecía la tela.

Pedro lamía mi pecho cuando Ángel dijo: Ya llegamos.

* * *

La fachada del hotelucho era vieja y lóbrega. A los pasillos les faltaban focos.

Ángel me llevaba de la mano para impedir que diera un mal paso. Ilusamente, ese lo di ya hace varios ayeres.

El pesado llavero con el número 26 hacía ruiditos a nuestro andar y parecía perder el control mientras se abría la puerta.

Para mi sorpresa, los cuartos estaban en buen estado aunque encerraban un profundo olor a sexo añejo.

Una cama coronada con una cabecera de madera y metal era el centro de todo. Un pequeño baño al fondo, cuya tubería hacia ruido. Un aire acondicionado que enfriaba como el polo. Una mesita con un menú de bebidas y un cenicero. Condones de cortesía. Un teléfono sacado de alguna barata de los 80.

Los dos tipos con los que me habían arrastrado en aquel tugurio, se desnudaron.

Ángel se sentó en un sillón verde pardo junto a la ventana por donde se filtraba el rojo neón del destartalado anuncio de ‘Hotel Garage’.

El ‘Compadre’ me arrastró rapidamente a la cama para seguir con lo que había empezado. Tenía una imponente erección.

Nos fajábamos intensamente en la penumbra. A fuera pasaban autos y camiones pesados a ratos.

Me pidió ponerme en cuatro para comerme el culo. Su áspera lengua como de gato me hacía sacudirme de vez en vez.

Me sujeté de los barrotes de la cama. Mientras cerraba los ojos, sentí que Ángel se deslizaba entorno a nosotros.

Sus dedos tocaban mi espalda y besaba mi nuca con cierta ternura. Del piso recogió mis medias y las olfateo como un sabueso. Luego empezó a rodear mis manos para que quedará juntas.

Posé la mirada con esa expresión de un desconcierto sometido al jugueteo que sucedía en mis nalgas.

Se limitó a ponerse un dedo en la boca en señal de que no dijera nada.

En un tirón me elevó a lo más alto de la cabecera mis manos, concretando un nudo que me permitiera estar cómoda, pero no liberarme fácilmente. Pero, sobre todo, que no me dejará cambiar de posición.

Con su pañuelo vendó mis ojos, aunque le pedí que no lo hiciera. El respondió arrancándome de tajo la liviana tanga que apresaba mi sexo masculino. Dos fuertes nalgadas se sumaron al castigo.

Sentí un cuerpo acomodarse con calma entre mis piernas. El frotar de un sexo agonizante de placer. El tacto del látex. El aroma a cerveza emanando de la boca que consumía mi espalda desnuda.

El forcejeo absurdo de una verga buscando torpemente por donde colarse dentro de mí.

Una batalla perdida antes de empezar… El cuerpo carnoso se escurrió directo hasta el fondo haciendo salpicar gotas de lubricante sobre la colcha.

El ‘Compadre’ no tenía prisa. Su verga entraba y salía sin parar. Sus huevos eran grandes y rebotaban acompasados por el clac, clac del sexo.

-Pinche ruca estás bien rica. Así me gustan maduras y aguantadoras. Después de hoy ese culito me va extrañar todos los días.

Después de un rato mi ano se tragaba el pito del ‘Compadre’ con facilidad. Me había entregado a ese momento.

-Puta madre, puta madre…

Por fin se vino. Acarició y besó mis nalgas.

-Gracias por el regalo ‘Princeso’, cuando quieras te vuelvo a dar una arrastrada

Pedro se vistió y se sentó al lado de Ángel a hablar sobre un negocio. Ambos bebían cerveza.

-Los dejo tórtolos, mi vieja me va armar un ‘panchote’, pero ni pedo estuvo rico el culito.

Ángel estaba muy caliente después de ver aquel palo que me había echado. Así que en cuanto el ‘Compadre’ se fue ocupó su lugar entre mi culo.

A diferencia de Pedro, Ángel cogía duro… muy duro. Tanto que empece a quejarme.

-Ni te quejes perrita, sé que te encanta que te la meta ¿A poco no?

Ángel comenzó a penetrarme más profundamente.

-¿A poco no?

-¡Sí mi rey!

Aquella simple afirmación lo prendió más.

-¿De quién es este culito?

-Tuyo

-¿Ya sabes lo que eres verdad?

-Sí, soy tu perrita. Sígueme cogiendo papi, así duro como lo haces.

-Eso eres un piche puto, que le encanta la verga. Así que olvídate de tus mamaditas y métetelo en la cabeza.

Ángel siguió por decenas de minutos. Volviéndome en lo que suponía que debía ser. Convenciéndome de un camino. Se sentía una suerte de liberador y maestro.

Agotado bajo de su montura y me soltó. Dio unos pasos. Su verga gorda y larga escurría lubricante sabor a hombre.

Colocó una toalla sobre su espalda. Se recostó en el sofá y me llamó para que se la mamará.

La comí con ansía. Mientras se refrescaba con una Tecate.

Frotaba su verga contra mi rostro, cuando el cálido líquido de su pito chorreó copiosamente, desbordándose entre las formas angulosas de mi cara en una caricia que no había sentido antes.

Comencé a comérmelo. Mientras Ángel me veía con cierta satisfacción y un poco de orgullo.

-¿Dónde quedó la niña fresita? Esa es la cara que quiero verte siempre.

Cogí la toalla y me limpié. Me senté a su lado y lo abracé un rato.

Nos fuimos cerca del amanecer…

Orgía travesti

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Darla Kalafina

¿Hasta dónde podemos llegar? Es una buena pregunta que me hago todos los días. No sé, si ustedes caigan en este tipo de reflexión mientras se revuelcan contra la almohada, mientras fuman en una banca o mientras están varados en el tráfico.

Ya me dirán -si es que alguno se atreve a opinar- pero por ahora evitemos los temas  filosóficos y perdámonos en los oscuro de mi mente por unas líneas, que pueden consumir donde quieran.

Como les contaba en la última historia, las cosas cambiaron por lo menos un tiempo.

Desempleada y arrojada a los vientos del destino, tienes que adaptarte pronto para sobrevivir.

Sobrevivir a los largos espacios de espera, de duda, de divagación… en que no sabes exactamente lo qué va a pasar.

Los horarios se vuelven caóticos y las cosas que tenían un orden se abandonan al caos. Humanos, al fin terminamos encontrando el modo.

* * *

Tengo una cuenta de twitter que uso poco para contar cosas. En ella, sigo a muchas personas y una me contactó para invitarme a una ‘orgía travestí’.

Me la pensé largo. Cerca del día del evento confirmé que asistiría. Moví cosas, entrevistas, entregas de proyectos, en fin… detalles.

Si para un encuentro tienes que prepararte psicológicamente, para un masivo más.

No todos pueden ir a una orgía. Eso lo deben tener claro. Debes estar seguro de lo qué vas a hacer y lo que piensas qué ‘no’ harás.

Tus conceptos se mueven en el mar de carne y sin darte cuenta estás atrapado en una energía que te consume.

No todos pueden jugar. No todos saben manejarlo, porque al final se convierte en una adicción algo peligrosa.

La orgía tendría lugar por la mañana, cerca de medio día. Las instrucciones nos las dieron por WhatsApp.

Me levanté temprano, desayuné ligero. Un poco de fruta. No me sentía del todo bien. Las alergias me atacan en esos días.

Busqué un vestido corto. El kit completo terminó en una mochila.

Esperé en una esquina hasta cercana a la casa donde todo ocurriría. Siempre llegó tarde, no quiero ser la primera.

– Toca en la ventana y di que eres chica tv. Es la instrucción contenida en un mensaje, tras el “Ya estoy aquí”.

Así lo hago. Un chico amable me abre la puerta y me dice, ya me dijo la anfitriona.

La casita contrasta con los edificios modernos y lujosos que la rodean. En la sala hay varios hombre y tvs platicando.

Me miran, los miro. La zona de transformación está habilitada en la cocina, para llegar a ella hay que atravesar todo el inmueble.

La siguiente pieza es la recamará. Todos cogen ahí. Otros miran y esperan su turno. En la tele hay música de banda y reguetón.

Otra puerta te lleva a un diminuto patio donde se puede fumar. Un poquito más allá, está la cocina.

Está abierta y aunque la anfitriona ahuyenta a los hombres, ellos regresan. Les gusta mirar como dejamos de ser lo que somos para ser sus putas.

Sí sus putas. Es el papel que jugamos aquí. Yo no pago para entrar a este minúsculo congal, ellos sí. Están aquí porque es sexo fácil, prohibido y sin prejuicios.

* * *

Se hace tarde. Me incomoda que ve vean como soy. Tvs van y vienen. Pronto me acostumbro al movimiento. Charlo con unas chicas mientras me visto. Lo básico lo traía ya puesto.

El maquillaje me mata. Tardo demasiado. La anfitriona me dice que no me afane demasiado.

– A la primera ‘mamada’, se te ve a arruinar mana.

Ella es una ‘pro’. A mis espaldas hay un pequeño cuarto con una cama donde desfilan asistentes que se han convertido en clientes, gracias a su prominente culo, su cabello chino y buen trato.

Sus piernas abiertas rodeando y las nalgas de alguien son parte del paisaje. No emite sonido alguno. Estoica y silente recibe y cumple su parte.

Por fin termino, acomodo mis cosas por ahí. Intercambio teléfonos y FBs. Piensan que también soy una pro, en parte sí y en parte no. Sólo cobró cuando es necesario o cuando me hace gracia. ¿Eso me hace una pro?

Camino con cuidado para no tropezar. Estoy débil y nerviosa. Me tiemblan las piernas y mis pasos son torpes.

– ¿Qué te pasa pendeja? Me pregunto esperando una respuesta que no llega

En la sala me hacen un lugar para sentarme. Ya no estoy en edad para estas locuras. Empiezo a dudar de que hago ahí.

Me ofrecen un vaso de refresco. Algunos me reconocen.

– Eres Paloma, ¿Verdad?

Mi fama o mis fotos de Face me preceden, asumo.

Ya en confianza empieza el juego.

– Vuelta, Vuelta

– ¿Se puede tocar?

– Levántate el vestido

– ¡Que rico culo!

– La tienes grande

– ¡Quítate la tanga! Mejor ¡todo!

Entre el toqueteo y las caricias fugaces todo da vueltas, emociones, sensaciones, erecciones. El giro se detiene cuando alguien más decidido me toma de la mano y me lleva a la habitación.

* * *

Las cortinas filtran la luz. Es oscuro, los olores se mezclan: semen, sudor y otros más. Empaques de condón son parte de la decoración.

No hay espacio en la cama. Me arrincona contra la pared. Busca mis nalgas con prisa. Está seguro de lo qué quiere.

Las acaricia y las contempla mientras me baja la minúscula tanga que he elegido para la ocasión.

Entre los dientes tiene un sobresito con un preservativo. Yo se la chaqueteo para que siga dura. No es muy grande, pero cumplidora.

Me doy la vuelta para que me la meta. Lo intenta pero no puede.

– ¿Traes lubricante? Le pregunto

– No

Voy a mi mochila a buscar uno, me sigue para que no cambie de opinión.

– ¿Lo hacemos en la cocina?

– Prefiero la cama

Nos volvemos. Nos han despejado el espacio y hay público esperándome.

Me colocó dandole las nalgas para que me coja por detrás, aplica demasiado lubricante. Siento como escurre.

Me empieza a follar y yo a gozar. Cierro los ojos para no ver por instinto y por costumbre.

El olor a pene entra por mi nariz. Tres vergas aguardan por mis labios. Me como la de en medio y las demás las masajeo con mis manos.

Paso de una, a la otra sucesivamente. Mientras el me coge duro. Otros quieren su lugar, los aleja. Me gusta ser su hembra.

Por fin se viene. Yo sigo atacando el frente. Un maduro de verga descomunal se escabulle para metérmela casi de inmediato.

El calibre del nuevo inquilino de mi culo, me hace voltear para ver qué esta pasando.

Sigue por largo rato, ya no aguanto el ardor. Me desenchufo y para decepción.

Mi peluca está fuera de lugar al igual que todo lo demás.

Paso por el baño y la cocina para dar mantenimiento a este monumento.

La anfitriona sigue ahí con las piernas abiertas.

* * *

Acabo en el patio hablando y fumando. El fresco me ayuda. Hace calor.

– Sólo no hagan demasiado ruido, para que los vecinos no se den cuenta

Nos advierte, el chico que me recibió.

En este espacio me entero de la vida de varias chicas. Una en particular llama mi atención, ha cogido con todos y lo volverá a hacer.

Es casada, pero no quiere estarlo. Ama demasiado la verga. Eso nunca termina bien.

– ¿Cómo te cupo esa verga?

– Siéntate en mis piernas mami

– Déjenla descansar

– Enséñame tu culito

– Me regalas un cigarro

– ¿Quieres más refresco?

– Tú si que te transformas

– Dame tu número

– Pareces puta profesional, ¿dónde te mueves?

– ¿De cual calzas?

– El problema con ustedes es que dan las nalgas muy rápido, deben aprender a darse su lugar.

– Creo que tienes razón, le respondo a un chico

* * *

El coqueteo no termina. Un godín que se ha escapado de la oficina para liberar tensión o sólo para pasar el rato me ha elegido.

Camino delante de él. Me mira, siento esa mirada que no implica gusto sino deseo y posesión. Esa mirada de objetivación, de bien de uso.

El sol se queda atrás. Volvemos a las tinieblas en pleno día.

La cama se ha vaciado. Ellas y ellos están perdidos en los recovecos de la casa.

Para que perder el tiempo. Se baja la bragueta para que se la mame. Parece un sneaker pero no sabe a chocolate.

Es un tipo moreno oscuro, usa lentes y la trae depilada.

Como todos quiere coger. Y lo sé. Me bajo la tanga una vez más y recuesto. Abro las piernas un poco. Él hace el resto.

Empezamos a frotar nuestras partes sin mucho preámbulo.

Sujeta mis tacones como si fueran un manubrio para manejarme. Los cruza, les da la vuelta, los amarra.

Quiero sentir, quiero que sea rudo. Atrapo mis piernas con las manos, las abrazo y las atraigo hacia mí para dejar espacio para que sea mas profundo y duro.

Estoy gritando. Algunos se asustan. Pocos entienden que el acto de penetración implica morir un poco ante la espada de alguien.

Penes florecen a mi alrededor. Apenas  los toco con las manos, ya no tengo ganas.

Otras tvs me tocan, me la jalan, hasta se atreven a besarme.

Está por venirse. El sudor corre por su frente y tiene esa expresión que todos los hombres tienen.

Le clavo los tacones en las nalgas para que no pare hasta que ya no pueda más.

Esta vez nos damos los teléfonos.

¡Quiero seguir!

Quiero seguir

¿Quiero seguir?

Cierta euforia me invita a hacerlo. Respiro un poco, me recuperó en el patio una vez más.

– Nos asustaste con tanto grito

– Así soy de intensa, me río

Me levanto sin avisar. Me quiero cambiar, voy demasiado bitch para la calle. Ellas y ellos quieren verme otra vez… Quieren que se las mame, aunque sea.

Ya tengo en la mano el desmaquillante y el algodón. Ayudo a una chica que fue por la calentura y no sabe qué hacer.

Dudo. Me conozco. Sé que puedo seguir si me entrego al placer…

Opto por irme. No se que sentir. Una mezcla un poco de asco, satisfacción, cansancio y ansiedad me inundan por dentro.

Estoy débil. Paro en un Oxxo por un refresco, ¡Qué más da!

Sólo por un momento

A finales del 2016, realmente la estaba pasando mal en mi trabajo. Finalmente, todo acabó como acaban las cosas en esos casos.

En medio de ese marisma de locuras, todo parece  nublarse ante ti y encontrar un camino adecuado luce complicado.

En esos momentos, lo único que quisieras tener es alguien que te apapache, un rato de menos.

Así decidí regresar a lo básico. Me olvidé un rato de esto de ‘ser mujer’ y volví a ser un chico… ¡pasivo! Como al principio de todo.

Empece a frecuentar bares de ambiente. A veces tenía suerte y encontraba con quien compartir la cama.

Otras, me iba en blanco. Como chica tengo más pegue. Creo que mi imagen -un poco andrógina- no me ayuda demasiado en estos casos.

Reactive mi perfil de MH, buscando algo más estable. Aunque ahí hacerlo es un poco una utopía.

Primera vez

A mediados de diciembre, en una de esas madrugadas donde ardes por dentro un hombre me contacto. Era bastante decidido, porque a diferencia de los indecisos y ‘calienta güevos’ que abundan por ahí, accedió de inmediato a vernos ese mismo día, pese a lo inapropiado de la hora.

Pedí un Uber y encaminé rumbo al parque Hundido, por donde estaba su departamento. En el trayecto íbamos mensajeando así que había altas probabilidades de que no fuera una mala broma.

Me bajé cerca y caminé hasta la puerta. El portero estaba enfermo así que nadie me vería entrar.

Le avisé que ya había llegado. Tardó algo en bajar. Nos fumamos un cigarro, mientras platicábamos sobre nosotros.

Supongo que le gusté porque apuró las bocanadas y me invitó a pasar.

Él era soltero y compartía su departamento con varios roomies. Tenía más de 40. Su cuerpo era grande y víctima de los excesos de la buena comida.

Nos sentamos en el sillón. Era una casa con un espíritu antiguo. Como la de mis tías y tíos, ya entrados en años y añorando tiempos mejores.

Me ofreció un Whisky para relajar la cosa. Lo acepté sin pensarlo mucho. Al beber el ambarino licor me calenté y relajé.

Lo notó, porque se abalanzó sobre mí para besarme. Fajamos un rato. Yo tenté su entrepierna para averiguar que me esperaba. Demasiados malos encuentros con ‘pititos’ y ‘eyaculadores veloces’ te predisponen.

La tenía normal pero muy, muy gruesa. Si hay algo cierto -y me permiten contárselos- es que si se la tocas a un macho y se le pone dura, sólo hay dos opciones: mamársela o coger.

Mi interés por su herramienta no pasó desapercibido por Mario. Así que se la sacó, él se puso cómodo y yo de rodillas.

Su vello público era canoso,  y por alguna razón me prendió.

* * *

Por varios minutos, me dediqué a chupársela para que no se le bajará la erección.

Yo estaba entradísimo quería tragarme todo su semen. Pero él, para demostrar quien tenía el control, se levantó para ir a la cocina, dejándome solo y sola con el sabor a verga y licor en la boca.

A los pocos, minutos volvió y me condujo a su habitación.

Era oscura y poco arreglada. Fumaba sin parar el aroma lo delataba. Su ropa estaba apilada en el piso. Y su cama parecía que sólo se hacía cuando cambiaba las sábanas, lo cual no era muy frecuente.

Nos desnudamos y le subió a la tele, que nunca parecía apagarse.

Me tendí y en seguida se posó encima de mí. Su verga acariciaba la mía como si quisiera comérsela de una mordida, mientras fajábamos intensamente y me perdía en el reflejo en el espejo.

Me gustaba esa sensación y a él que se la comiera, así que no se la pensó dos veces y  e la volvió a dar. En ocasiones se exaltaba y halaba mi cabeza con fuerza para que no dejará nada afuera. Otras se relajaba y regresaba fajarme sin contemplaciones, a nalguearme, a abrirme con un dedo y otro.

– Pídeme que te la meta

– ¡Métemela papi!

– Suplícamelo

– Por favor papito, ¡Métela que ya no aguanto!, le dije un poco para complacerlo y que ya me cogiera.

Buscó un condón en la cómoda. Le pasé el lubricante. Me dio la vuelta y lo untó en mis nalgas, ano y demás.

Pensé que lo haría así. Así que agarre la almohada. Nada más falso.

Me hizo girar y abrió mis mis piernas y se colocó en medio. Su pene ya rodaba mi culo. El seguía besándome todo lo que podía, metiendo sus dedos en mi boca, orejas, culo…

Hasta que la sentí entrar. Comencé a sudar del dolor. Era muy gorda. En esa posición  busqué los poppers que traía. No quería que me la sacará.

Los inhalamos y comenzó el frenesí. Me la metía y me la sacaba toda de golpe. Luego picones cortos y continuos. Espacios interminables en los que mi ano se quedaba vacío y abierto, ansiando que lo llenarán de nuevo embate más salvaje, el cual no tardaba en llegar.

Respiré el aroma de los poppers varias veces para aguantar eso. Finalmente se vino. No retiro su verga hasta que sintió que la flacidez haría difícil sacar el condón repleto de néctar blanco.

Las demás veces

Después de eso, comenzamos a vernos. A veces sólo para tomar un café y otras para cenar y coger de postre.

Me contó sobre sus anteriores parejas, sus amigos y demás… Todo en la cama. A veces es mejor que cualquier confesionario.

Un sábado… tarde como siempre me buscó para vernos. Los encuentros nocturnos son siempre los más excitantes.

Le dije que sí, pero que no podía quedarme porque tenía que ver con una amiga para ir al cine.

Cerca de las nueve, nos encontramos para echarnos un rapidín.

Seguimos el ritual del sillón. Especie preámbulo para él. Había pedido algo de la farmacia así que nos interrumpieron.

Aproveche para desnudarme y lo esperé ahí. Se sentó en cuanto dejó las cosas sobre la mesa y yo en sus piernas frotando mis sexos en su verga que se levantaba.

Uno de sus roomies entró y nos vio sin demasiada sorpresa. Supongo que solía llevar a otros chicos a parte de mí.

Nos fuimos a la habitación.

Me puse en cuatro en su cama, ofreciéndole mi culo. Él se desvistió velozmente y buscó el preservativo donde siempre.

Comenzó a preñarme. Pasó su cenicero en mi espalda y me cogía mientras fumaba. Eso me excitaba mucho. Dos tabacos después nos separamos para descansar y hablar.

– Tú me gustas, me dijo

– ¿Ah, si? Le respondí

– ¿Yo te gusto?

Ahí no supe que responder.

Cambiamos de tema. Y fumamos e intercambiamos recetas de cocina. Miré el reloj.

– Ya me tengo que ir

Me incliné para buscar mi ropa, pero el me arrastró hacia su cuerpo. Frotaba su palo contra mis nalgas hasta que acertó.

Comencé a mover el culo para exprimirla.

Ensartados dimos la vuelta y quede sobre él. Era difícil mantenerla a dentro pero insistimos hasta que me agarró por la espalda para penetrarme de frente.

Mis pies estaban en sus hombros y él se movía cada vez más rápido.

Me tomó por los tobillos y entrelazó mis pies para llegar hasta donde se podía llegar de mi profundo orificio.

De la nada sentí el semen acariciar mis entrañas. Cálido, grumoso, espeso, suave. Tanto que yo me vine.

Mientras me limpiaba, sólo dijo que olvidó ponerse el condón.

Después de eso nunca nos volvimos a ver.