El último del año

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No me juzguen. Quizás es la mejor manera de empezar este texto. El último año han pasado muchas cosas en los últimos meses. Algunas buenas y otras malas.

Debo decir, que este ha sido uno difícil. Seguro no sólo para mí. También para muchos de ustedes.

Ha habido subidas y muchas bajadas. Tristezas pero hemos encontrado nuevas fortalezas donde antes no estaban, ¿No es verdad corazones?

Contar la última historia del año implica: escoger una digna de contar, una lo suficientemente caliente, una inolvidable, una que no sea lo que esperan…

Un gran dilema para una chica tímida e indecisa como yo. Es parte de mi feminidad y todo lo que lleva. Ya se imaginan: que si me siento gorda, que si mi cuerpo fuera diferente, que tal si fuera activa y no sólo pasiva, que si…

Soy sumisa en la cama. Quizá porque desde niñ@ entendí que soy pasiva y que me gusta más que nada en el mundo sentir a alguien dentro de mí. Por eso ,simplemente me entrego sin más. Tengo mis límites. Además de pequeños traumas de los que no puedo librarme y muy probablemente nunca lo logre.

Y por si esto no fuera suficiente, cargo con mis peculiaridades que crecen día a día.

A veces estoy tan caliente que me vengo y se apaga el fuego. Otras veces se vienen y me dejan a medias.

Me gusta tragar el semen pero sin que me obliguen.

Amo las nalgadas -y fuertes- pero no la violencia.

Si hay muchos chicos me dejo llevar… Pero siempre con precaución. No soy una suicida, pero si temeraria.

Soy muy cobarde, muchas cosas me asustan -mi psicóloga diría que pienso demasiado y disfruto poco-.

Muchos me buscan por estas historias. Prefiero a los que no saben ni que existe este blog, sólo porque no esperan nada más que disfrutar. No buscan a la Darla, ni a la Paloma, sólo pasarla bien y si sale algo, está bien.

El contexto es complicado de llevar.

Esta historia empieza con un Tweet. Las cabinas se han convertido últimamente en puntos de reunión para… coger y exhibirse. No hay que darle más vueltas.

Ahora hasta tienen bar y los que asisten se organizan para compartir sus parejas o simplemente para que los vean copular.

El tweet del que les hablo venía de una de estas.

Tenía poco que se había inaugurado. Y me daba más confianza que las que hay Juárez.

Andaba en la depre -para variar- y bueno lo caliente nunca se me quita. Y pensé ¿Por qué no?

Me arreglé. Normal. Soy una chica. No ando en lencería todo el tiempo, es más creo que nunca he intentado comprar un jueguito más o menos sexy. Uso lo que cualquier mujer.

Cerraban a pasadas las 10, así que me venía bien. Trasnochar era algo que no buscaba.

Pedí un Uber y llegué. Hay una escalera, donde casi me mato.

Un lindo chico en la entrada me advirtió:

– No hay mucha gente

– No hay problema, ¿Cuánto es?

– 60

Pagué lo justo y entré.

Que hubiera poca asistencia estaba perfecto. Era mi primera vez y mis experiencias en las cabinas no han sido las mejores.

Además me permitía explorar y darme un respiro.

En la penumbra piensas cosas -algunas no demasiado buenas- pero piensas.

Había un par de chicos que pronto desaparecieron. Supongo que esta muñeca no era lo que esperaban.

Me encerré en un cubículo y me quité las gruesas medias que llevaba.

Fue en esos días en que frío se soltó con el mismo diablo y andar en la calle enseñando pierna es un poco asfixiante.

Los de las cabinas me hicieron el favor de twitear que andaba por ahí:

Empece a recibir mensajes en cuenta, así que como dicen me senté a esperar.

* * *

No esperé demasiado…

Un despistado cocinero de un restaurante cercano, hizo su aparición buscando desfogarse y que mejor que en ese lugar, donde a nadie le importa que especie te gusta.

Jugueteaba con mi teléfono cuando se metió a la cabina contigua. El ritual de siempre. Se abrió la bragueta y comenzó a jalársela.

No era demasiado grande ni pequeña normal. Hay de todo en el mundo.

La miré un rato. Él se asomaba para ver que pedo.

Yo estaba indecisa, no estaba segura de lanzarme en ese viaje.

– Ven

No lo dude salí y me tomó de la mano para arrastrarme a otra cabina, una más intima. Tan pequeña que apenas si entrábamos los dos.

Cerró la portezuela y se la empece a mamar -previa aplicación de un capuchón-. Olía a cebolla y hablaba y hablaba mientras le hacía un trabajito.

Me bajó el vestido y me quitó el bra. Empezó a comerme mis minúsculas tetas.

– Estas buenísimo

Repetía una y otra vez. Para él sigo siendo hombre. Sus manos buscaban mi culo.

– ¿Quieres que te la meta?

Tuvo la decencia de pedir permiso.

Me libre de la tanga y me di la vuelta par ofrecerle el culo.

– ¿No cobras, verdad?

Le dije que no. Le puse un nuevo condón. Y empezó a tratar de penetrarme. Me estaba haciendo daño. Así que lo interrumpí.

Busqué lubricante en mi bolso.

Asustado me preguntó:

– ¿Qué buscas?

Le puse un dedo en los labios y unté un poco de ese cristalino líquido entre mis nalgas y su pene.

Pronto me estaba bombeando. Cuando yo empezaba a gemir se vino.

Tomó aire y se vistió. Le pedi ayuda para sujetar mi bra. También con el cierre del vestido.

Salimos. Yo al baño a limpiarme y él de las cabinas. Creo que probar lo que quieres y no estás seguro es desconcertante para algunos.

* * *

Regrese a mi cabina. Había dejado ahí mis medias y la neta me gustó la peli.

Revise mi twitter y tenía unos mensajes. Un chico me preguntaba si aún estaba ahí.

Obviamente, sí. Así que le respondí y dijo que no tardaba.

Puse labial en mi boca y una vez más esperé.

Otro mensaje un poco desesperado: ¡¿Dónde estás?!

Salí al pasillo para que me viera.

Cruzamos unas palabras. Era casado y tenía que ir a una cena pero se quería echar un polvo. ¿Quién soy yo para negar ese pequeño placer?

En esas cabinas hay un cuarto oscuro. Peculiar porque, todo es oscuro. Así que digamos que es un cuarto grande para estar en la oscuridad.

Lo llevé para allá para estar mas cómodos.

– Conoces muy bien el lugar

– Es la primera vez que vengo

El sitio es pequeño lo puedes recorrer en minutos, pero los juegos de sombras cambian las perspectiva de todo.

Sabía lo que quería, debo reconocérselo.

Me tomó por las caderas. Le echo un vistazo a lo que se iba a comer.

Me acomodé sobre uno de los improvisados sillones -si es que se les llama así, en caso contrario corríjanme por favor-.

Buscó nerviosamente un condón y un sobresito de lubricante en sus jeans. Cuando estuvo listo sentí como entraba en mí.

– ¡Qué rico estas muy lubricadita!

Su verga empezó a calentarme y yo sentía muy rico. Se me paró. Él seguía con ‘entra y sale’ cada vez más enérgico.

Empece a mover el culo para que llegará más y más adentro.

Con mi mano buscaba su culo para que no la sacará.

Pero sin más… se vino.

– Ahorita nos echamos otro palo reina

Fui al baño y él recibió una llamada de su esposa. No hubo segunda vuelta.

* * *

Un poco desilusionada regresé a mi cubículo y empece a tocarme. No llegue a nada. Estaba ensimismada en mis ideas.

Estaba a punto de irme, así que me arreglé.

– Cinco minutos más
– Bueno

Esos malditos diálogos internos.

Me metí al cuarto oscuro y me acosté.

Alguien estaba en el bar y pidió un trago. Escuché que rondaba por ahí. No le di importancia porque se guardó en alguna de las cabinas.

Lo supe por el estruendo al cerrarla.

– En fin, dije con desdén

Me perdí por algunos momento en la oscuridad y la música electronica que ponen ahí.

Tenía los ojos cerrado cuando una silueta estaba a mi lado.

Era un chico alto, mucho más que yo. Estaba totalmente desnudo. Sólo portaba unas botas industriales. Su cabello era muy largo. Creo que un darketo.

Su verga era muy grande y la había puesto enfrente de mi cara.

La sujeté con una mano para jalársela y arrebatarle un poco de calor.

Me incorporé para verlo mejor.

Los dos estábamos de pie. Sujeté sus nalgas mientras me abrazaba muy fuerte y frotaba su tranca contra mis piernas.

Las apreté para no dejar escapar su miembro.

Comencé a besarle el pecho y sus pezones hasta llegar a su paraíso salvaje, cubierto por una densa maleza negra y dócil.

Busque un preservativo en mi bolsa y comencé a mamársela.

Estaba en cuclillas para abrir mis piernas y tocarme mi sexo.

El comenzó a excitarse y pronto la felación se convirtió en una cogida oral.

No se cómo me cabía eso. Lagrimas escurrían por mis ojos. Yo estaba prendida del olor de su sexo y de la sensación de su vello sobre mi cara.

Varias veces las arrancó de mis labios para golpearme el rostro con ella. Lo cual me traía loca.

Me hizo subir y de plantó un intenso beso con lengua incluida.

Nos miramos sin amor, sólo lujuria había entre esos dos cuerpos.

Giré mi cuerpo. Coloqué ambas manos contra la pared. Arquee mi espalda y separé las piernas para que hiciera conmigo lo que quisiera.

Ante mí sólo una pared pintada de negro y mis uñas naranjas.

Atrás, él acomodaba tiernamente mi vestido y me despojaba de mi tanga.

Sus grandes manos acariciaban con lubricante mi ano. Dejé escapar un suspiro. Y una pausa expectante. Segundos de duda.

Un segundo suspiro y todo se tornó confuso. Una daga de placer me atravesaba sin clemencia.

Apagué mis ojos y sólo tragaba aire y gemía por la boca para aguantar esa caricia infernal entre las nalgas.

Ese dolor celestial, que rogaba que parara con un ‘¡Ay Dios, ay Dios!’ pero que suplicaba me consumiera como el infierno.

Perdí la noción del tiempo. Estaba totalmente contra la pared que replicaba el ir venir de sus caderas hacia adelante y hacia tras, acompañadas del golpeteo contra la madera.

Cuando estas así no hay salidas. Sus exhalaciones se hacia más profundas. Su vaho humedecía mi cuello.

– Vente, vente por favor

Él se negaba. Disfrutaba tenerme a su merced suplicando por más y rogándole que terminará con eso.

Siguió por más tiempo. Comenzó a apretarme. La sacó toda y en un ultimo movimiento la abalanzó hasta el fondo de mi ser.

Se sostenía de mí. Estaban por cerrar. Aún así nos quedamos pegados hasta que su verga me liberó y yo pude moverme.

* * *

Gracias por hacer de este espacio algo lindo, no puro, pero si lindo. Por tener el valor de leerme y hasta de escribirme Sin ustedes no se si podría seguir. Les deseo el mejor año que puedan tener.

Los Ama profundamente

Paloma

 

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Miedo

Mis relatos siempre hablan del amor, del sexo, de la pasión, de la desesperación y la incontenible locura que todos llevamos dentro, la cual -para bien o para mal- es el motor de nuestros sueños y esperanzas.

Sueños y esperanzas, pedazos de mí, de ti, y muchos otros.

Estos días por primera vez sentí miedo. No ese miedo a atravesar la puerta y que tu vecino te mire cubierta de maquillaje y con una peluca. No ese miedo a salir de clóset. No ese miedo a ser quien eres.

Hablo de uno que no habita en nuestra cabeza.

Hablo de algo real. Ese que se viste de violencia, de sangre y olvido.

Soy una pésima activista, porque sé que si me comprometo con algo seré imparable. Y es un precio que a veces no estoy dispuesta a pagar, por mí y por los que me rodean.

A últimas fechas, la violencia contra las chicas como “yo”. Sí como yo, se ha vuelto algo común, tanto que no se trata de que te insulten por ignorancia o por considerarte ‘distinta’. Sino que pueda ser un pretexto para arrebatarte la preciada vida por la que luchas todos y cada uno de los minutos en que tus pulmones se iluminan y tu corazón brilla.

Aún me perturban, los gritos desesperados de la amiga de Paola diciendo ¡Está viva!, mientras el cuerpo de la chica yace estático y distante.

Pero no sólo es ella, son muchas más. Y serán muchas más.

Frank Thomson dijo: “Estamos acostumbrados a acabar con los que piensan distinto a nosotros”.  Es aterrador y cierto.

Nosotras somos diferentes y no importa. O por lo menos no debería importar en un mundo que replica sin parar el mensaje de “tú puedes ser lo que quieras”.

Y ‘lo que quieras’ no incluye ‘ser mujer, aunque no lo seas’.

En estos días, el poner un pie en la calle para mí era un desafío. Por la cabeza rondaba: ¿Y sí yo soy la que sigue? o ¿Cómo me veré en la portada de la nota roja?

¿Y si yo soy la que sigue?…

Un miedo real. Porque otros pueden decidir por ti.

Somos una comunidad vulnerable. La estadística dice que vivimos en promedio 35 años. Yo pasó de esa edad, quizás porque me decidí tarde o porque he tenido suerte.

Nosotras nos movemos en un mundo peligroso no sólo por lo que tenemos que hacer para convertirnos en estos seres fascinantes y deslumbrantes. También por la ruta oscura que nos obligan a tomar.

He hablado con muchas personas y siempre dicen: “Es más peligroso para ustedes” y lo es.

Claro que lo es… Tener la vida que sueñas lo es.

Ayer decidí no tener miedo a que me secuestrarán, me metieran un tiro o algo peor. Atravesé el umbral de mi casa y salí una vez más, con las tripas revueltas, desconfiando de todo, de cada sombra, del taxista, del que te mira en el metro…

Todo pasa. Sólo se que morir no se compara a que te condenen al olvido.

Durante más de cuatro años este blog se ha convertido en mi trinchera. En mi grito al mundo de como ha sido la vida de Darla, mi vida.

Amen sus vidas y sean quienes son. Cuídense y recuerden que no están solas.

Los quiere Darksy.

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Pedacitos de mí

Darla Kalafina

He empezado a fumar de forma irregular. Amo el olor de los mentolados. Benson, la cajetilla es linda y su azul metálico me agrada.

Algunas noches salgo a encenderlos y a dejar que se consuman. Me gusta su aroma. De vez en vez una ligera bocanada que me arrastra al desenfreno.

La desierta banca cercana a mi departamento se ocupa de pronto. Es John, un gringo que tiene problemas de sueño. Hemos ensayado esta rutina ya varias semanas. Cada sábado para ser exactos.

Son casi las dos. Y ahí estamos los dos mirando las farolas hablando de todo y nada.

Los patrulleros ya se acostumbraron a vernos. Y ya sólo se molestan a darnos una mirada para cerciorarse de que todo esté bien.

John trabaja en una empresa de tecnología y está de paso. Sólo unos meses, suele decir.

Yo también estoy de paso. Nos hemos convertido en confidentes de banqueta.

Me cuenta cosas de su esposa que vive en Miami. Yo le invento historias de tragedia sólo para ver qué pasa. Es parte del encanto de saber que algo no durará, pero que deseas pintar de otros matices para olvidar un poco la vida cómo es.

Nunca me ha preguntado nada de lo que ya se imaginan.

Lunas van y lunas vienen, lluvias y vientos fríos. De aquellos que no sólo te despeinan, de aquellos que te hacen rodearte con los brazos mientras hundes la cara en tu bufanda.

Él está acostumbrado al frío. Siempre lleva una playera y una cazadora de piel como de motociclista.

Me mira y cambiamos de escenario a su departamento. Un pequeño departamento apenas con lo necesario.

Unas sillas, una sencilla sala, una televisión enorme… Es confortable.

– No necesito más, apura a decir

Está de paso como todos.

Tomamos café, galletas oreo, vino y jugo de naranja hasta despuntar el alba.

Me desconcierta que no haya intentado nada. Todos lo hacen y a la primera.

* * *

Presiono el botón 4 del interfón

– Soy Paloma, ábreme

Sacudo el paraguas, que arroja gotas heladas sobre mis pies.

El ascensor no sirve para variar. Subo haciendo un gran escándalo y saludando a los de la fiesta de abajo. Han de pensar que “Soy la escort de siempre“.

Dejó la sombrilla en pasillo, está abierto. Siempre está abierto. Ya le he dicho que esto no es como en su país y como buen hombre es necio a morir.

– ¿Qué pex mi John para que querías verme?

Las maletas están acomodadas a un lado de la puerta. Creo que es obvio que es para despedirse.

– Pásate Palomita

Me tiro en el sofá mientras sale de su habitación

– Con que ya te vas

Por fin asoma la cara. Al parecer se estaba bañando si no que otra razón para traer sólo una toalla encima (No seas pendeja Paloma, ya sabes que va a pasar. Que va llevamos meses de conocernos).

– Yes, honey. I going back to Miami.

Perder a alguien, siempre duele. Aunque ya me lo imaginaba, no pude evitar que se me saliera una lágrima.

No tengo muchos amigos. Siempre soy distante, errática ¡soy de lo peor acostúmbrense!

– Te compré algo

– De verdad, un regalo…

– Yes

– Deja de pochear

Nos reímos.

Me entrega una bolsa de esas elegantiosas.

– ¿Lo puedo abrir? finjo cierta inocencia al decirlo

– Claro

En el interior de esa fancy bolsa una hermosa lencería. Me pongo colorada.

– Espero que te quedé

¿Estoy tan roja por el obsequio? ¡No! porque nunca he usado algo así y…

– Me gustaría que te la pusieras para mí

Lo que me temía.

Me encierro en el baño para ponerme esas diminutas prendas que a una mujer normal se le verían divinas. A una como yo…

Salgo y…

– No te vayas a reir

Ahí está él con esa cara de “te ves linda aunque no lo creas” y una verga digna de un dios griego colgando entre sus piernas.

En esos momentos, lo que sobran son las palabras.

Sintiéndome tonta vestida, caminé sexy hasta llegar a sus labios.

– Te voy a extrañar y después de esto tú me vas a extrañar a mí

Le susurré al oído mientras apretaba su sexo.

– Yo también te traje un regalo.

Aunque originalmente se lo había comprado como una broma, esa cajita de viagra era ahora una garantía para un viaje sin retorno.

Se rió cuando agité la caja

– Quiero que me des una arrastrada

Sin protestar se la paso. Hizo efecto más rápido de lo que pensaba y no iba a desaprovechar esa verga erguida al infinito.

Se la mamé como nunca, no me importaba atragantarme con esa cosota y sus güevos llenos de semen no tardaron en agradecérmelo.

De un trago me pasé su cálida leche. Después de todo para que sirven las amigas en los días de decir adiós.

Tomamos un aire y platicamos como siempre con un tabaco en la mano.

Pronto la firmeza regreso y yo estaba más que puesta para ser su fundita.

Nos tocamos salvajemente. Mordidas, lamidas, rasguños y esos olores que te prenden.

Para entonces yo sólo traía la minúscula tanga, lo demás se había perdido en la batalla -en el mejor de los casos y en el peor sólo quedaban girones-.

Nos tiramos en la alfombra.

Yo estaba contra el piso y el sobre mi besándonos sin más. Mis piernas ya lo abrazaban y tu pito acariciaba los contornos de mi ano.

Los dos sabíamos que un movimiento más y se daría lo inevitable.

Entendió mi mirada de “ya por favor hazme tuya”.

Culeó y de golpe me destruyó. Mis ojos abiertos como platos se volvieron infinitos en esa mezcla de dolor y placer al sentir entrar su espada que parecía no terminar nunca.

Sin contemplación alguna empezó a cogerme mientas mordía cuanto podía de mí.

Yo gemía como nunca. Cerré los ojos y me entregué a él sin reservas. Era el segundo BB que hacía en mi vida.

Un olor llenó mi enorme nariz y luego mis pulmones. Poppers.

El extásis se amplió. No lo quería detener. Así que dejé que hiciera lo que quería.

Cuando yo suplicaba que parará acercaba a mi ese frasquito que me hacia someterme a él sin reservas.

Cambiamos muchas veces de posición.

Por fin me puso de perrita, al borde del sillón tomaba vuelo para que su entrada fuera lo más poderosa que  la anterior.

Veía luces. Creo que podría haber muerto ahí.

Una inhalación más, tan profunda como pude.

El chorro de semen mojo mis entrañas y escurrió por mis nalgas cuando me la sacó al fin.

Me quedé inmóvil por no sé cuántos minutos…

Dormimos juntos y al despertar él ya se había ido.

 

 

 

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Promesas inconclusas

Darla Kalafina

Aburrida del FB, decidí reabrir mi perfil de Grindr, el cual abandoné por la razón que muchos se imaginan.

Extrañamente, empezaron a llegar varias invitaciones. Charlé con varios chicos. Nada serio.

– Mándame fotos sexys

Es al parecer lo más común. Ese es no mi estilo, o por lo menos no lo es aún. No descartó hacer una sesión de fotos un poco subidas de tono, pero para ello necesito un poco de ayuda.

En fin. En medio de aquel domingo, mientras me intentaba concentrar y adelantar algunos pendientes. Ya saben la ‘ñoña’ que no tiene nada que hacer. Empecé a mensajearme con un chico de nombre David. Estábamos muy cerca y los dos andábamos de calientes.

Usualmente paso los fines de semana gran parte del tiempo siendo yo -así es la Paloma, la Darksy-. Así que como estaba arreglada pues se me hizo fácil quedarme de ver con él ante su insistencia.

Como ‘los calienta güevos’ abundan en el mundo de los ‘cyber-conectes’ no me lo tomé en serio. Le dije que pasará por mí después de las 11.

Faltaba un rato, así que seguí en mis cosas. Cerca de las 10, me preguntó que si no lo podíamos cambiar para después, porque tenía que ir a entrenar muy temprano.

– Como quieras, le respondí

En este mundo de grises donde existimos las mujeres como nosotras, esto es común. Y siempre te causa mucha, poca o algo de decepción. Así que no queda más que decir esa frase: ¡Pinches hombre, todos son iguales!

Ser un TG lleva eso casi casi implícito. ¿Por qué nos tratan así? ¿Por qué sólo nos ven como ‘zorras’ suplicantes de verga?

Desde mi punto de vista, nada más lejano de la realidad. Simplemente nos gusta experimentar y vivir plenamente nuestra complicada sexualidad al igual que todos o por lo menos la gran mayoría. ¿Hay algo malo en ello?

Dejemos esta historia en pausa por un momento.

 

Viaje en metro

Nunca me había subido al metro de chica. Aunque a todo le llega su momento. Dos semanas después de lo que he comenzado a relatar, decidí montarme en el subway para ver que pasaba.

Me moría de miedo pero cuando empiezas a andar no te puedes parar. Caminé a la estación más cercana de mi casa. Me acerqué a la ventanilla pedí que le pusieran unos pesos a mi tarjeta. Había cola, así que tuve que esperar varios minutos.

Llevaba puestos mis audífonos para ahorrarme malos ratos. Además, mi atuendo era muy austero: Vestido azul, botas, medias gruesas, y chamarra de piel.

¡Nada del otro mundo! Una no quiere llamar la atención cuando de por si todos te miran y por su cabeza pasa la idea: “Es hombre o es mujer”.

Fue un viaje tranquilo. Me bajé en Zona Rosa. Había un festival ciclista así que había mucha gente. Caminé un rato por aquí y por allá hasta llegar a Reforma. Había un fiesta a la que me había invitado cerca de Río Lerma y tenía curiosidad por ir.

Me detuve a fumar y a tomar algunas fotos del Ángel.

Decidí darme una vuelta por la zona de antros gays sólo para ver el ambiente. Cuando estaba cruzando la calle, un hombre me miraba. Yo no le prestaba demasiada atención aunque si lo tenía en mi radar. Una debe cuidarse de todo.

– Están lindos tus zapatos

– Gracias

– ¿A dónde vas?

Le dije que al Metrobús. En ese momento se me hizo la mejor excusa.

– Te invitó un trago

– No, gracias no tomo

– Lo que quieras

Seguí caminando y él a mi lado.

– Vamos te invitó un café

Accedí. Había un Vips cerca. Nos dirigimos hacía allá.

Su nombre lo he olvidado. Era de Miami y comerciante. Tenía un acento raro.

Hablábamos de cosas entre silencios.

Pasamos una Sex Shop que está sobre esa calle. Una cuadra más adelante, sin aviso alguno me tomó la mano. Esa sensación cálida siempre es linda. Te sientes menos sola en el mundo.

Unos metros más allá empezó a abrazarme. Habíamos dejado el barullo y las luces de los bares y sólo quedaban las acentuadas sombras de las luminarias.

Sus manos alzaron mi vestido y se perdieron en mi culo. Me hice para atrás de inmediato.

Volvió a intentar abrazarme. Lo dejé. Más para tantear el asunto. Sujetó mi mano de nueva cuenta y la puso sobre su entrepierna, que bajo el pantalón mostraba severos síntomas de excitación.

La despegué y le dije que me tenía que ir.

– Ándale

– No, estamos en la calle

– Vamos a la Sex Shop, hay cabinas. Yo pago

– Me tengo que ir le dije

Se rindió. Le di un beso en la mejilla y olvidándome de la fiesta me apresuré a llegar al metro para volver a mi casa.

 

Espacio

Ayer. En medio de la claustrofobia que atrapa quedarme demasiado en casa, decidí salir a caminar y fumar. Eran como las 11:45, el advenimiento de un nuevo día estaba cerca.

Sólo daría una vuelta, quizás a toda la cuadra o quizás sólo hasta la esquina. En eso reflexionaba, cuando de reojo vi a un hombre en la ventanilla del Oxxo comprando algo, sentí algo. Así que quise cruzar la calle para dejarlo atrás.

Me alcanzó. Me detuve en una zona iluminada cerca de  una taquería.

– ¡Hola! ¿A dónde vas?

– Nada más aquí adelante

Sacó su cartera para enseñarme su identificación, según él para ‘que no me sacará de onda’.

Sus ojos estaban vidriosos producto de su consumo de alcohol.

– Te acompaño

– No, muchas gracias

– Andale estás bien hermosa

– Gracias, así estoy bien

Aclaró que vivía muy cerca.

– Dame tu número

– Sí, claro

En esas situaciones tienes que andarte con cuidado. Empezó a buscarse en las bolsas su teléfono, el cual había olvidado en casa.

– Me lo aprendo

Le inventé uno y se lo dicté. Como su memoria había sucumbido a los afectos de alcohol, decidió ir a pedir algo donde escribir en la Taquería.

Me detuve ahí hasta que regresó. Lo escribió varias veces. Hasta que le señale “Sí, ese es el bueno”.

– Bueno, ya me voy

– Te acompaño, insistió

– No, muchas gracias

Cambié un poco mi ruta hacia la avenida donde había más luz. Como una sombra me siguió esos metros.

– ¿Vas a cotorrear?

– No

– Estás bien linda, te chuparía todo el cuerpo

Sonreí casual.

– ¿Te han lamido el culo? mencionaba mientas sacaba la lengua y la agitaba de un lado a otro

– Sí algunas veces

Intentaba tomar mis manos pero yo las tenía atrapadas en los bolsillos de mi abrigo.

– ¡Vamos a mi casa!. Te haría el amor bien rico

– ¿Tus chichis son de verdad?

– No

– Explícame una cosa ¿Por qué te vistes de mujer? ¿Tienes algún trauma? ¿Te drogas?

– No, ninguno. Sólo soy así

– ¿A qué sales? ¿A buscar hombres?

– Para nada, solo salí a caminar y ya me tengo que ir

Me abrazó y quizo besarme. Giré la cara y sólo se encontró con mi cuello.

– Cuídate, ya me tengo que ir

Mientras me alejaba lo escuchaba repetir una y otra vez el número que había inventado.

 

Un poco más

“Un rapidín” apareció en la ventana del chat. Sin pensarlo demasiado le dije que “sí” y le compartí mi ubicación.

Un cigarro después estaba afuera esperándome. Ibamos a ir a un hotel, pero preferí invitarlo a pasar a mi casa.

En la habitación más tardamos en entrar que en desnudarnos.

Se la empece a mamar, estaba rico su pene para que mentir. Nos acomodamos para hacer un 69.

No sabía como acomodarse así que yo tomé la iniciativa y me monté sobre él.

Así seguimos un rato.

“Cómeme los guëvos” pedía mientras él también me la chupaba. Creo que todo iba bien hasta que…

– ¡Quiero que te vengas! y luego cogerte

Yo no quería, sé como funciono y así las cosas no iban a salir nada bien. Ante su insistencia lo hice.

Terminé sobre su pecho, insatisfecha por obvias razones. Busqué unas toallitas húmedas para limpiarlo.

Ya no quería que me cogiera después de eso. Pero la tenía dura aún y ni modo de dejarlo así. Se la seguí mamando y quería que me deslizará hasta su culo.

No sé que me pasa, pero eso no me atrae demasiado. Así que me dije paso.

Terminó por venirse. Su semen era amargo. Como esa relación.

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Pasa ligera, la maldita calentura

Darla Kalafina

Después de lo que les conté en “Demasiada locura“, los días subsecuentes fueron literalmente un infierno.

Ese desenfrenado momento que viví, aparentemente, como ‘chico’ ante los ojos de todos aquellos hombres que me poseían sin contemplación alguna.

Sin embargo en mi cabeza,  la realidad era otra. Aquellos instantes, los vivía intensamente como una mujer. Yo me veía como una mujer y me sentía como tal.

Me atrevo a decir que estoy más allá que pa’aca. Cruce una línea que me impide regresar a ser lo que fui. Y ni modo. En esto ya no hay vuelta atrás.

Esa noche, me trastornó irremediablemente. En la oficina mi concentración estaba en otro lugar.

Me quedaban sólo unos días antes de partir. Tenía el tiempo encima y no me sentía cómoda. Esas emociones te dañan y te hacer tonterías con tal de que paren.

Tenía que resolverlo por el bien de mi paz mental. Publiqué varios anuncios, por aquí y por allá. Le escribí a varios chicos que me contactaron por Face.

Mi idea era organizarme un maratón de despedida. Algo complicado. Un poco imposible pero… la vida me quiere demasiado.

* * *

Logré confirmar a tres chicos. Quedamos de vernos el viernes. Así que los escaloné en diferentes horarios.

No me juzguen, sólo quería sentirme llena, quizás no de amor pero sí del cuerpo de alguien.

Terminé como pude mi trabajo y, ante la sorpresa de todos, me salí a mi hora. Ni un minuto después ni uno antes.

Mi primer invitado llegaría a las 10 de la noche, el segundo a las 12 y el siguiente a las dos.

Las reglas eran sencillas. Ellos pagaban el hotel y sólo tenían una hora para estar conmigo. Además, últimamente les pido “una propina”.  A parte de que me gusta sentirme un tanto puta, es una especie de filtro para saber a qué están dispuestas las personas que me quieren ‘tirar’.

Los tres accedieron a mis reglas.

* * *

Llegué a un hotel que está en Viaducto y muy cerca de mi casa. Dejé mi auto. Y me acomodé para arreglarme. Llevaba dos vestidos y algo de ropa extra por si a caso.

Hice lo mío. Ahora sólo quedaba esperar.

Carlos era el primero…

Me mandó un Whats para saber sí se armaba o no. Le dije que sí y le envié el nombre del hotel y mi número de habitación.

Puntual a las 10:00 tocó la puerta. Olía un poco a alcohol y traía una botella de tequila.

Lo primero que hizo fue darme lo del hotel y 500 pesos más.

– Debería hacer esto más frecuentemente, pensé.

Al dejarlos en el tocador empezó a desnudarse. Era alto, muy delgado, todo cubierto de vello. Su voz era un poco aguda.

Se sentó en la cama y empezó a jalársela.

– Ven a chupármela, ¡Pinche perra!

Te arriesgas a eso cuando pides propina. Es como si fueras de su propiedad.

Sin chistar, se la empecé a comer. No era muy grande ni larga. Su espesa cabellera me hacía cosquillas.

En cuanto, su erección fue lo suficientemente rígida, me hizo darme la vuelta para metérmela.

No me quejé ni le pedí que fuera amable. Sabía en lo que me había metido y había que aguantar.

Me culeó un rato hasta que se vino. Me la sacó, y sin más se fue al baño. Tomó su ropa y partió.

Me fumé un cigarro, contraviniendo las indicaciones del hotel. Afortunadamente, mi cuarto daba a la calle y tenía un gran ventanal.

Retoque el maquillaje, no quise ponerme las medias de nuevo -para que-  y me tiré a ver la tele. No había durando demasiado así que tuve mucho tiempo para pensar.

* * *

Tanto, que me quedé dormida, pasaba un poco de la media noche. Y no sabía nada de José Antonio. Empezaba a lamentarme y las dudas de: ¿Si mi noche de placer sólo terminaría con aquella insípida cogida digna de un burdel de mala muerte?

Por fin, José Antonio escribió. Se había salido con unos amigos. Era casado y el pretexto nos venía bien a todos.

Su estatura era normal, algo entrado en kilos -como buen casado-, su vello era entrecano. Su voz era rasposa y tosía por tanto fumar.

Me dio lo del hotel. Y nos sentamos en la cama a platicar. Era muy divertido, contaba chistes y anécdotas, al tiempo que iba acortando la distancia conmigo.

Sin darme cuenta ya estábamos fajando. No hay nada más seductor que alguien con buena plática.

Se abrió la camisa para que le besará los pezones. Me escurrí entre ellos. Los lamí y hasta los mordí un poco más de lo tolerable para ver que pasaba. Se sacudió y como una víbora recorrí sus labios, su cuello y su abdomen.

Sudaba vastante. Lo miré a los ojos mientras con una mano arrancaba el cinturón.

– Quieres lo que todas quieren, perrita.

Con ojos coquetos y con voz queda dije que ‘sí’.

Su pito era grande. Sentí que me había sacado la lotería. Pero luego te acuerdas lo que implica que una cosa de ese tamaño entre en tu culo.

– ¿Tu esposa debe estar siempre feliz?

– No se queja

Se la mamé con si no hubiera mañana, no pensaba en el ‘ahogo’ que me causaba al llenarme la garganta.

– Así Palomita, ¡Uy! Así

Sólo alcanza a decir.

Yo no quería que se corriera en mi boca, así que me paré y caminé por los condones de mi bolsa.

Le arrojé uno para que se lo pusiera. Luego le pase el lubricante.

Me recosté para que ‘inyectará’. Sin embargo, él no quería eso. Me tomó de la mano y me llevó hasta la ventana.

Apoye las manos en ella. El alzó la parte inferior de mi vestido y halo mi tanga. La cual cayó víctima de la gravedad hasta mis pies.

– Quiero cogerte parada

Separe las piernas mientras acariciaba mis nalgas buscando mi ‘hoyito’. Cuando lo encontró empezó a meterme un dedo para lo que llaman ‘abrirte’. Por dios, eso no se abre.

Sentí como la cabeza de su verga me taladraba. No le costó entrar, estaba aún dilatada después de mi último ejercicio.

Cuando la sentí su pubis y sus gordos testículos contra mis ‘nalguitas’ suspiré porque me había entrado toda.

Así empalada me paso un cigarro.

– Quiero que fumes mientras que cojo

El fumaba también. Ese humo nos rodeaba. Era delicioso y terrible. Tuve que pedirle que parara para buscar algo en mi bolsa. Ese liquidito especial que te quita el dolor. Me rocío un poco.

Hizo su magia de inmediato, ya podía disfrutar. Seguimos por largo rato. Me imagino lo que los vecinos de enfrente pensarían a verme haciendo gestos como aquellos.

– ¿Dónde lo quieres mi reina?

Me safé y me arrodillé para tragarme tu néctar. Un denso chorro blanco, caliente, grumoso y ácido brotó en varios chorros.

Cansados nos tiramos en la cama. Respiró un segundo. Se echó otro cigarro y empezó a abotonarse la camisa y a subirse los pantalones.

– Me tengo que ir mami

Se acercó y me dio un beso en la mejilla mientras me ponía en el escote un billete de 200.

* * *

Después de aquello no se si podría más. Me di un duchazo rápido para estar limpia, cuidando de no arruinar mi maquillaje.

El maquillaje lo es todo para una chica.

Ya mas relajada por el agua caliente, me vestí de nuevo. Y de nuevo llegó la alerta a mi móvil.

Adrián estaba llegando. Corrí a abrirle, por poco y doy un mal paso.

Me recibió con un beso.

– Hasta que se me hizo con la Paloma, dijo sinceramente emocionado.

Repetimos la rutina, me dio lo del hotel y una nalgada. Un buen detalle, a mi parecer.

Era guapo, confiado, despreocupado me atrevería a decir. Olía aún a loción. Se veía mas joven de lo que me dijo.

Me contó que acababa de dejar a la ‘pesada’ de su novia y que por poco no llegaba después del pancho que le armó por sacarla de la fiesta.

Creo que quería desahogarse, confesiones de alcoba. Trabajo, amores, dudas, ‘seré gay’, etc.

Lo escuché atentamente, hasta que su alma descansó.

– Las fotos no te hacen justicia, estás más linda de lo que pensé

– Gracias

Puso algo de música, quizás alguna estación de jazz que estaba por ahí.

Apagó la luz. Regresó a la cama y empezó a acariciar mis piernas.

Las caricias subieron de nivel al compas de la confusa programación de esa estación que igual ponía rock en español, que canciones pop de moda.

Sus ágiles manos empezaron a despojarme de mi ropa. Siento que el encanto se va cuando lo hacen. Me dejé llevar.

El se quitó la suya.

Me gusta estar desnuda junto a alguien, debo aclarar en este instante.

El tacto de otro cuerpo junto al tuyo es lindo. Sin nada que se interponga. Las texturas son distintas. Sientes el sexo del otro junto al tuyo.

Como siempre una cosa lleva a la otra, sin ofrecer resistencia sentí aquella estocada diluyéndose y volviendo como una marea desbaratando mis entrañas.

No había que buscar respuestas. Era lo que él quería y yo, la ella, que él quería para montar esa madrugada.

Rodamos por la explanada arenosa de la cama. Siempre limitada por sus cuatro espacios. Cambiábamos de postura a cada instante, buscando afanosamente ese diminuto consuelo que te da estar en alguien y tener a alguien adentro.

Por fin, terminé encima de él, rogando que durará un poco más. Mis caderas ascendían y bajaban abrazando su pene. El me miraba y respiraba tratando de impedir lo inevitable.

Dejé que entrará toda por el angosto canal bordeado por mis nalgas. Comencé a mecerme despacio para llevarlo a ese segundo de paraíso que nos llega al eyacular.

Un sumiso grito y la flacidez sutil… ¡Qué más da! Es mi vida.

 

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Demasiada locura

Era noviembre y la última semana que estaba en México. Iba a realizar un viaje a un lugar muy lejano. Así que no tenía otra cosa en la mente, más que no olvidar mi pasaporte o tener lista mis maletas.

Afortunadamente, se atravesó un puente. Así que pensé en usar ese largo fin de semana para descansar y avanzar con los algunos pendientes.

No avance gran cosa. Como era de esperarse. Mi alto grado de distracción y la falta de emoción me hacían hacer cualquier cosa menos las importantes.

Un mensaje de Whats de la nada hizo vibrar mi celular. Era Félix. Un chico gay que conocí hace algún tiempo en un Starbucks cerca del metro Chilpancingo.

Supongo que le agradé, porque me hizo la plática y hasta me invitó un expreso.

La barba lo hacia verse mayor aunque no lo era tanto.

Entre nuestra platica soltó esta especie de embrujo:

– Me gustas para invitarte a una orgia, ¿Cómo ves?

Sólo me quedó sonreír y ponerme colorado. Como iba de chico pues creo que no se imaginaba de mis inclinaciones.

– ¡Ándale! Se pone bueno. Llegas te quedas en calzones o te desnudas. Y lo demás se da solo. Además con ese culote mínimo te comen seis, porque se ve que eres súper pasivo.

No sabía que responder.

– Me gustaría pero…

Y ahi viene el momento incómodo donde explicó muchas cosas de mí, ya saben que soy transgenero, que me visto, que quiero ser mujer, etc.

Pensé, que al oír todo aquello olvidaría su loco plan. Sin embargo, se prendió más.

– Mira ‘precioso’ me da igual si te vistes o no. La verdad me gustas y quiero cogerte en publico. Pero si no te sientes ‘cómoda’ -en ese instante sonrió- no hay bronca.

Me dio su número y empezamos a chatear. Varios días. Varias semanas. Hasta que llegó ese mensaje. Quería ir a celebrar su cumpleaños.

¿Quién celebra su cumpleaños en una orgía?

En fin, me rogó y me rogó.

Eso de las orgías no es tan divertido para mí en la actualidad. Tenía años que dejé de ir.

Y me seguía rogando…

Le dije que si quería lo invitaba a cenar pero de lo otro no.

Finamente, aceptó y fuimos a un restaurant que al parecer le gustaba. Era muy íntimo así que podíamos hablar libremente de todo.

Entre vino y cervezas, yo ya estaba mareada. Y el se ponía juguetón. Tocando mis piernas y mi entrepierna por debajo de la mesa.

Pedí la cuenta. Se ofreció a darme un aventón. Pasaba de la media noche. Para mí un Uber o un taxi eran mejor opción, menos comprometedora al menos.

En el estacionamiento a punto de decirle que yo mejor… Me plantó un tremendo beso mientras apretaba mis nalgas.

– Qué princesa me vas a dar mi regalo o qué pedo

Daniel iba muy en serio. Así que dije que sí

* * *

Llegamos a las cercanías de Taxqueña. Daniel aparcó el auto en una calle medio perdida. Nos bajamos, le dije que me diera chance de echame un cigarro. Eso realmente me ponía estresada.

Para mis adentros me dije: Qué mas da.

Llegamos a un edificio que se veía bastante sólo. Nos recibió un chico muy amable, quien nos cobró la respectiva cuota.

De inmediato anotó nuestro nombre en una lista, nos dio una pulsera con un número y una bolsa de plástico para dejar nuestras cosas.

– Hoy es de desnudo, total ¡eh! amores

Había unos sillones donde podías quitarte la ropa. Enfrente una puerta que permitía a los que ya había llegado hace un rato mirar a los recién llegados.

Nos quitamos todo y entregamos nuestras respectivas bolsitas.

Me echo por delante con una nalgada.

La siguiente habitación tenía varios sillones acomodados contra las paredes de la habitación para que pudieras circular libremente por el centro.

Al fondo había una barra de bebidas. Nada fancy, sólo lo elemental: Tequila, agua, refresco, algo de ron, vodka.

Varios hombres platicaban mientras otros miraban la pantalla donde corría porno gay.

En el techo, pendía una bola disco que ya había visto sus mejores años.

Félix se preparó una bebida y platicaba con sus conocidos. Yo caminaba erráticamente con el culo frío.

Más adelante estaba el cuarto oscuro.

Ver tantas vergas, las caricias previas y el alcohol me tenían ciertamente confundida. Cuando menos me di cuenta había atravesado la cortina de delgada tela negra.

El espacio era pequeño. Mis ojos tardaron en adaptarse a la oscuridad. Hacia mucho calor. El piso estaba resbaloso. Había una cama y unos sillones de piel.

Varios chicos se la jalaban recargados contra la pared. Otros cogían en una esquina. Otros sólo miraban.

Otros más caminaban en los diminutos espacios del hacinado cuarto acariciando culos y pitos sin parar.

Tanta piel, vergas duras, nalgas… Todas rozándote al unísono. Tantas personas dejan poco espacio para moverte libremente.

El calor me empezaba a sofocar así que busque la puerta. Cuando de pronto unas manos me sujetaron por la espalda.

Envuelta en aquel éter me dejé arrastrar a la oscuridad.

Aquella sombra besaba mi cuello mientras apretaba su duro falo contra mis nalgas. Como un mago sacó un condón con el cual enfundó su pito. Lo acaricié para estar segura de que se lo había puesto.

De un rápido movimiento la introdujo entre mis nalgas sin darme tiempo de protestar. La dejó ahí un momento mientras me la jalaba con su mano. Él también quería estar seguro de que yo estaba caliente.

Me empezó a penetrar duramente. Me incline para poder balancear mi culo y disfrutar de aquello.

Al hacerlo mi cabeza quedó automáticamente a la altura de las vergas de todos.

Pronto me vi rodeada de tres vergas que jale hacía mí para poder comérmelas todas.

Las degusté por varios minutos mientras aquel macho se daba gusto mientras decía una y otra vez: ¡Qué nalgotas!. Por fin, eyaculó.

Paramos, me solté de él para y de di la vuelta para darle un beso.

Estábamos fajando cuando otra sombra preñó mi ano. Me bombeó un poco y luego me tiró a la cama donde otros chicos como yo éramos sometidos y reducidos en mi caso a mi condición de putita.

Siguió así hasta que terminó dejándome cubierta de sudor.

Salí al baño a limpiarme y a buscar una bebida y de paso a buscar a Félix.

Cansada me tiré en el sillón. Me adormilé. Creo que me perdí por unos 10 minutos.

Unos labios que chupaban mis pezones apasionadamente me volvieron a la realidad.

El cuarto oscuro se había extendido hasta la otra habitación. La única luz era la del televisor acompañado por la hipnotizante música electrónica.

Entre mis piernas sentí el calor de otro cuerpo y como una cálida verga de gran tamaño empezaba a reclamar lo que era de ella.

Me sujeté a ese cuerpo mientras las mordidas y lenguetazos del otro frente terminaron con una verga escurriendo en mi boca.

Como puede me paré cuando mis dueños dejaron de jugar, creo que hasta cojeaba un poco. Me aseé en el baño.

Al salir y ver tantos machos cogiendo me llenaron de nuevo frenesí y mi verga se puso dura como el acero.

Entre al cuarto oscuro una vez más…

Pronto, tenía a varios encima. Sutiles toques, besos, apretones toscos sobre la verga, sobre mis nalgas, algunas palabras sucias al oído.

Sólo cerré los ojos y me dejé llevar. Sin más, acabé dándolas una vez más al lado de otros cuatro que apretados sobre la cama en posición de ‘perritas’, como si fuera un concurso de ver quien hacia gritar al otro, nos dejamos atrapar por el placer.

Los cuatro éramos cogido salvajemente. Nalgadas y esa pieza del hombre que todas añoramos entrando y saliendo si parar era la sinfonía que nos acompañaba.

Mi semental fue último en venirse…

Esa locura podría seguir pero yo no podía más… pedí mis cosas y salí.

No vi a Félix en aquella penumbra y no sé si recibió su regalo…  En la oscuridad todos los gatos son pardos.

 

 

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Sutilezas de una chica fácil

Darla Kalafina

Ser diferente tiene su precio, lo he escrito muchas veces. Y quizás la soledad es el más alto de todos. Muchas chicas como yo pasan por esto. Esperamos un príncipe azul -que quizás no llegará-.

¿Por qué pensamos eso? Acaso somos princesas. Estamos demasiado lejos de ese punto. En mi camino a darme cuenta de mi profunda disforia de género, la cual cargo conmigo desde mi infancia -aunado a mis pláticas reveladoras con mi sicóloga-, sólo puedo agregar que el sexo es un profundo disparador de nuestro comportamiento.

Sé que soy una puta, y no me cansaré de decirlo. No porque me acueste con todos, de hecho no pasa tan seguido como se imaginan. Lo soy porque tomo decisiones sobre mi cuerpo y mi persona sin pensar en los demás.

Pero el sexo me llevó a darme cuenta de lo que quería no era penetrar sino ser penetrada o penetrado.

Todo pasa en un instante. Ese instante en tu adolescencia en que “bateas” a la más guapa del ‘cole’ porque sientes algo raro que no comprendes. Esa sutileza, a mí me llegó muy pronto.

Aunque tiene poco que empece a disfrutar del sexo a plenitud. Saben me cuesta entregarme pero poco a poco lo hago con más facilidad.

En estos días, también entendí eso “del cuerpo equivocado”, por más pendejo y ridículo que suene es verdad. Por más que te miras en el espejo no haces conexión y tu cuerpo te estorba en muchas maneras, lo sientes pesado, estorboso, cansado… ¡Ah! Eso de abajo a veces lo quieres y a veces no.

* * *

En uno de esos asaltos a la razón, el cual coincidió con que odiaba mi trabajo de esa época. Mi jefe era un verdadero imbécil, así que decidí renunciar. Y como no tenía nada en puerta y sentía que el mundo apestaba. Agarré mis dos maletas… la especial y la de viaje y me fui.

Tomé mi auto. Y llegue a Querétaro. Una amiga vivía allá así que me dio un recorrido por la ciudad y todas sus atracciones.

De regreso pasamos por un animado antro, el conductor del taxi nos dijo “ni se acerquen ese lugar es para los gays”.

Mi amiga que es bien persignada afirmó lo mismo. Sólo comenté para no levantar sospechas: “Se ve bueno el ambiente”.

Me dejé en mi hotel y se fue. Tirada en la cama viendo la tele. Me entraron unas ganas locas de ir. Después de todo quería olvidarme de todo, quería coger, gritar, divertirme…

Me arregle y manejé hasta el lugar. Debo confesar que Querétaro tiene su fama por lo que iba con algo o mucho de miedo.

Entre al lugar, estaba llenísimo. Olía a humanidad, sudor, tabaco y alcohol. Pedí un soda. En la barra, un chavo me miraba con insistencia.

– Flaco invítame una cerveza

Dije para sonar interesante y de paso para romper el hielo. Sonrío y me pidió una Indio.

Platicamos largo y tendido. Era chileno y andaba recorriendo México.

Sin querer nos dieron las 3 de la mañana. Y le dije que ya me iba. Me agarró del hombro y me plantó un beso mientras me agarraba las nalgas.

Me invitó al depa donde se estaba quedando.

* * *

No había gran cosa unas ollas, un refri, una tele y un colchón, en el cual nos tiramos.

Nos acurrucamos y empezamos los arrumacos, que siempre llevan a otra cosa.

Es como una tombola no sabes que te va a tocar. A veces se vienen con sólo tocarlos y otras nunca se vienen por andar de calientes todo el día. Otras duran tanto que ya pides que terminen -aunque se siente rico, duele, no lo olviden chicos- y otras nunca la logran meter.

Cual me tocó esta vez…

Mi chileno la tenía riquísima. Gorda y larga. Lo malo es que era los que nunca terminan o no quieren terminar.

Así que después de un rato yo ya pedía esquina.

Él se dio cuenta así que propuso tomar un descanso.

Sacó unas cervezas de congelador y nos quedamos mirando el cielo por la ventana. Hacia un frío.

Me acarició la espalda y me dijo que si me podía sacar unas fotos desnuda.

Reaccioné con mi cara de’ cómo para qué’.

No se que pasa pero siempre me quieren sacar fotos.

– Ándale nena…

Total, accedí aunque me hice ‘del rogar’.

Tiro varios disparos. Eso nos excitaba a los dos. Para que mentir se nos puso dura. Sí, tengo verga, no lo olviden.

Me empezó a coger contra la pared. Antes de que pudiera metérmela le susurré al oído que nos grabara.

Acomodó la cámara y empezamos.

Me pegué lo más que pude a la pared para que me la metiera duro y hasta dentro. Sentir que me moría pero el lo estaba disfrutando y yo quería que se corriera.

Me dio la vuelta. Nos abrazamos y nos besamos. De un movimiento me cargó. Apreté tu espalda y me aferré con las piernas a sus ricas nalgas.

Me ensartó una vez más. Seguimos y seguimos. Me sofocaba y mordía su pecho. Por fin su semen llenó mis entrañas.

Nos tiramos en el colchón y nos quedamos casi muertos.

Por la mañana vimos el video y le dije que me lo regalará.

No le pareció mucho… pero que más da.

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Minutos que cuentan

Ahí estábamos. Desnudos charlando sobre muchas cosas entre ellas porque no te debes masturbar tanto antes de un encuentro.

* * *

Como muchos saben últimamente busco con quien compartir mis noches. La razón… ¡Hmmm! Una dulce soledad que me acompaña.

Los fines de semana me vuelco en la red con la esperanza de que algo pase. Algo que me muestre si el camino que sigo es el correcto. Podría parecer un acto desesperado.

Para mí es en un juego con destino en busca de certezas y no la ambigüedad, eterna compañera mía.

He considerado seriamente empezar mi proceso de hormonización. Pero a mi edad, esas decisiones no se toman a la ligera. Hay muchas cosas que perder y otras que ganar.

Me lamento a menudo por mi cobardía. Que puedo decir. Si tuviera todo resuelto sería más fácil, supongo.

En medio de mis demonios, pasaba el sábado. Una aprende a perder la esperanza pronto.

No negaré que me llegan muchas propuestas, empiezo a creer que sí estoy ‘tan buena’ como dicen los que me conocen. Nada bueno para mi ego, así que prefiero no hacer caso a ello.

Pese a todo, ‘mucho ruido y pocas nueces’. La historia de siempre. Una es mi parte: no me gustan, no me dan confianza o no me da la gana.

La otra parte es toda su culpa de ellos, piensan que estamos desesperadas y que pagaremos todo, etc.

Quizás algunas chicas piense así. Yo no. Soy muy puta nunca lo negaré, no me gusta ser una mojigata, incluso me emociona que ofrezcan dinero. Lo cierto es que me gusta compartir un poco más que una verga.

* * *

Dentro de esos varias ventanas de chat y a punto de trasvestirme de hombre para irme a una fiesta, total había que pasarla bien, un mensaje llamó mi atención.

Habíamos platicado antes y nada. El sr. pictures estaba en un hotel después de un frustrado encuentro con una exnovia. Así que me propuso pasar a visitarlo.

No es que me considere plato de segunda mesa. Es sólo que dos personas quieren acostarse y listo, no más. Y yo… sí quería coger.

Así que quedamos de vernos.

No estábamos terminando de hablar cuando ya venía a buscarme. Que mujer tg no desea eso.

Le compartí mi ubicación. Minutos después ya estaba en las cercanías. Salí a verlo, platicamos unos minutos, nos revisamos, hubo química y nos pusimos de acuerdo.

Como ya no podía regresar a su hotel. Era de paso. Le propuse ir a mi casa.

* * *

 Nos instalamos y seguimos hablando. Soy una pinche preguntona -y si le vas a dar la nalgas a alguien sin costo, tienes que serlo-.

Era alto, con una redonda barriga clara muestra de su amor por los placeres. Su voz era tersa sin ser ronca casi infantil. Eso le daba un toque de ternura extra.

Sobre todo cuando te dice:

– Te quiero coger

Me lo lleve a la cama y comenzamos a besarnos. Su lengua era rasposa, cerré los ojos. Pienso que besar es otra manera de penetrar, la cual, como saben, no me agrada tanto.

Su cuerpo era muy grande o por lo menos a mi me lo parecía. Me monté en él. Fue de esos momentos en que no encuentras como acomodarte con un cuerpo que no conoces.

Seguía preso de mi boca y sus manos se aferraban como garras de acero a mis nalgas.

Hice que paráramos para despojarme de mis medias y de mis tacones. Así estaba mejor, podría disfrutar de mi piel sin estorbos.

Obviamente, no tardó en quitarme la tanga.

– ¿Te gusta el beso negro?

Dude antes de decir:

– Sí

El se desnudó. Y se volvió a tender. Gire para ofrecerle mi dulce culo y el su dura verga. Se la empece a comer con ansiedad mientras el devoraba gustoso mi culo.

Sentía su lengua entre mis nalgas desgarrando mi ano entre lamidas.

No se cuanto paso. Lo hacia también que me movía a mamársela más duro.

Ya no podía más así que le rogué que me cogiera.

– Papi, métemela por favor. Mira como me tienes.

Me quitó el vestido y lo demás. Me tendí de lado. Al principio no entraba. Lo detuve varias veces hasta que por fin la tuve toda adentro.

Cuando mi ano se acostumbró a su verga, cambiamos de posición. Primero de perrito. Tardamos en acoplarnos. Valió la pena. Empece a mover mi culo para que entrará mas profundo, a veces su pito salta fuera de mí. Él lo regresaba tan pronto como podía.

Buscaba tocar sus nalgas para pedirle que lo hiciera más fuerte. Empece a gritar como una perra. Eso lo excitaba.

Hice que se tumbara sobre la cama para poderlo montar y que se comiera mis tetas. Jugamos un rato así.

No recuerdo porque nos detuvimos pero nos quedamos hablando… Mi culo aún resentía los ataques de tranca así que aproveche para recuperarme un poco.

En un ataque de calentura renovada se dio la vuelta y me abrió las piernas para volverme a penetrar. Estaba aún muy dilatada así que no le costó trabajo metérmela.

No se acomodaba, así que dobló una almohada y la puso debajo de mis caderas. Yo puse mis pies en sus hombros.

Mr. pictures empezó a metérmela cada vez mas duro. Lo rodeé con mis piernas para que no se escapará.

Los dos gemíamos de placer. Mis vecinos pasaban por afuera y eso me excitaba más.

– Vente, vente

A penas alcancé a decir. Cuando los jugos de los dos brotaron dejándonos sin fuerzas.

* * *

Terminamos nuestra charla en el sillón. Yo me había vuelto a vestir, este cuerpo me incomoda. El seguía desnudo jugueteando con su miembro mientras fumaba.

Camine tan sexy como pude hasta él y me tire de rodillas para comérsela una vez más.

Se la chupé como si quisiera arrancarsela y tragarme sus bolas. El suspiraba y con la última bocanada de su cigarro un chorro de espeso semen brinco a mi garganta acariciando mis entrañas.

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