Orgía travesti

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Darla Kalafina

¿Hasta dónde podemos llegar? Es una buena pregunta que me hago todos los días. No sé, si ustedes caigan en este tipo de reflexión mientras se revuelcan contra la almohada, mientras fuman en una banca o mientras están varados en el tráfico.

Ya me dirán -si es que alguno se atreve a opinar- pero por ahora evitemos los temas  filosóficos y perdámonos en los oscuro de mi mente por unas líneas, que pueden consumir donde quieran.

Como les contaba en la última historia, las cosas cambiaron por lo menos un tiempo.

Desempleada y arrojada a los vientos del destino, tienes que adaptarte pronto para sobrevivir.

Sobrevivir a los largos espacios de espera, de duda, de divagación… en que no sabes exactamente lo qué va a pasar.

Los horarios se vuelven caóticos y las cosas que tenían un orden se abandonan al caos. Humanos, al fin terminamos encontrando el modo.

* * *

Tengo una cuenta de twitter que uso poco para contar cosas. En ella, sigo a muchas personas y una me contactó para invitarme a una ‘orgía travestí’.

Me la pensé largo. Cerca del día del evento confirmé que asistiría. Moví cosas, entrevistas, entregas de proyectos, en fin… detalles.

Si para un encuentro tienes que prepararte psicológicamente, para un masivo más.

No todos pueden ir a una orgía. Eso lo deben tener claro. Debes estar seguro de lo qué vas a hacer y lo que piensas qué ‘no’ harás.

Tus conceptos se mueven en el mar de carne y sin darte cuenta estás atrapado en una energía que te consume.

No todos pueden jugar. No todos saben manejarlo, porque al final se convierte en una adicción algo peligrosa.

La orgía tendría lugar por la mañana, cerca de medio día. Las instrucciones nos las dieron por WhatsApp.

Me levanté temprano, desayuné ligero. Un poco de fruta. No me sentía del todo bien. Las alergias me atacan en esos días.

Busqué un vestido corto. El kit completo terminó en una mochila.

Esperé en una esquina hasta cercana a la casa donde todo ocurriría. Siempre llegó tarde, no quiero ser la primera.

– Toca en la ventana y di que eres chica tv. Es la instrucción contenida en un mensaje, tras el “Ya estoy aquí”.

Así lo hago. Un chico amable me abre la puerta y me dice, ya me dijo la anfitriona.

La casita contrasta con los edificios modernos y lujosos que la rodean. En la sala hay varios hombre y tvs platicando.

Me miran, los miro. La zona de transformación está habilitada en la cocina, para llegar a ella hay que atravesar todo el inmueble.

La siguiente pieza es la recamará. Todos cogen ahí. Otros miran y esperan su turno. En la tele hay música de banda y reguetón.

Otra puerta te lleva a un diminuto patio donde se puede fumar. Un poquito más allá, está la cocina.

Está abierta y aunque la anfitriona ahuyenta a los hombres, ellos regresan. Les gusta mirar como dejamos de ser lo que somos para ser sus putas.

Sí sus putas. Es el papel que jugamos aquí. Yo no pago para entrar a este minúsculo congal, ellos sí. Están aquí porque es sexo fácil, prohibido y sin prejuicios.

* * *

Se hace tarde. Me incomoda que ve vean como soy. Tvs van y vienen. Pronto me acostumbro al movimiento. Charlo con unas chicas mientras me visto. Lo básico lo traía ya puesto.

El maquillaje me mata. Tardo demasiado. La anfitriona me dice que no me afane demasiado.

– A la primera ‘mamada’, se te ve a arruinar mana.

Ella es una ‘pro’. A mis espaldas hay un pequeño cuarto con una cama donde desfilan asistentes que se han convertido en clientes, gracias a su prominente culo, su cabello chino y buen trato.

Sus piernas abiertas rodeando y las nalgas de alguien son parte del paisaje. No emite sonido alguno. Estoica y silente recibe y cumple su parte.

Por fin termino, acomodo mis cosas por ahí. Intercambio teléfonos y FBs. Piensan que también soy una pro, en parte sí y en parte no. Sólo cobró cuando es necesario o cuando me hace gracia. ¿Eso me hace una pro?

Camino con cuidado para no tropezar. Estoy débil y nerviosa. Me tiemblan las piernas y mis pasos son torpes.

– ¿Qué te pasa pendeja? Me pregunto esperando una respuesta que no llega

En la sala me hacen un lugar para sentarme. Ya no estoy en edad para estas locuras. Empiezo a dudar de que hago ahí.

Me ofrecen un vaso de refresco. Algunos me reconocen.

– Eres Paloma, ¿Verdad?

Mi fama o mis fotos de Face me preceden, asumo.

Ya en confianza empieza el juego.

– Vuelta, Vuelta

– ¿Se puede tocar?

– Levántate el vestido

– ¡Que rico culo!

– La tienes grande

– ¡Quítate la tanga! Mejor ¡todo!

Entre el toqueteo y las caricias fugaces todo da vueltas, emociones, sensaciones, erecciones. El giro se detiene cuando alguien más decidido me toma de la mano y me lleva a la habitación.

* * *

Las cortinas filtran la luz. Es oscuro, los olores se mezclan: semen, sudor y otros más. Empaques de condón son parte de la decoración.

No hay espacio en la cama. Me arrincona contra la pared. Busca mis nalgas con prisa. Está seguro de lo qué quiere.

Las acaricia y las contempla mientras me baja la minúscula tanga que he elegido para la ocasión.

Entre los dientes tiene un sobresito con un preservativo. Yo se la chaqueteo para que siga dura. No es muy grande, pero cumplidora.

Me doy la vuelta para que me la meta. Lo intenta pero no puede.

– ¿Traes lubricante? Le pregunto

– No

Voy a mi mochila a buscar uno, me sigue para que no cambie de opinión.

– ¿Lo hacemos en la cocina?

– Prefiero la cama

Nos volvemos. Nos han despejado el espacio y hay público esperándome.

Me colocó dandole las nalgas para que me coja por detrás, aplica demasiado lubricante. Siento como escurre.

Me empieza a follar y yo a gozar. Cierro los ojos para no ver por instinto y por costumbre.

El olor a pene entra por mi nariz. Tres vergas aguardan por mis labios. Me como la de en medio y las demás las masajeo con mis manos.

Paso de una, a la otra sucesivamente. Mientras el me coge duro. Otros quieren su lugar, los aleja. Me gusta ser su hembra.

Por fin se viene. Yo sigo atacando el frente. Un maduro de verga descomunal se escabulle para metérmela casi de inmediato.

El calibre del nuevo inquilino de mi culo, me hace voltear para ver qué esta pasando.

Sigue por largo rato, ya no aguanto el ardor. Me desenchufo y para decepción.

Mi peluca está fuera de lugar al igual que todo lo demás.

Paso por el baño y la cocina para dar mantenimiento a este monumento.

La anfitriona sigue ahí con las piernas abiertas.

* * *

Acabo en el patio hablando y fumando. El fresco me ayuda. Hace calor.

– Sólo no hagan demasiado ruido, para que los vecinos no se den cuenta

Nos advierte, el chico que me recibió.

En este espacio me entero de la vida de varias chicas. Una en particular llama mi atención, ha cogido con todos y lo volverá a hacer.

Es casada, pero no quiere estarlo. Ama demasiado la verga. Eso nunca termina bien.

– ¿Cómo te cupo esa verga?

– Siéntate en mis piernas mami

– Déjenla descansar

– Enséñame tu culito

– Me regalas un cigarro

– ¿Quieres más refresco?

– Tú si que te transformas

– Dame tu número

– Pareces puta profesional, ¿dónde te mueves?

– ¿De cual calzas?

– El problema con ustedes es que dan las nalgas muy rápido, deben aprender a darse su lugar.

– Creo que tienes razón, le respondo a un chico

* * *

El coqueteo no termina. Un godín que se ha escapado de la oficina para liberar tensión o sólo para pasar el rato me ha elegido.

Camino delante de él. Me mira, siento esa mirada que no implica gusto sino deseo y posesión. Esa mirada de objetivación, de bien de uso.

El sol se queda atrás. Volvemos a las tinieblas en pleno día.

La cama se ha vaciado. Ellas y ellos están perdidos en los recovecos de la casa.

Para que perder el tiempo. Se baja la bragueta para que se la mame. Parece un sneaker pero no sabe a chocolate.

Es un tipo moreno oscuro, usa lentes y la trae depilada.

Como todos quiere coger. Y lo sé. Me bajo la tanga una vez más y recuesto. Abro las piernas un poco. Él hace el resto.

Empezamos a frotar nuestras partes sin mucho preámbulo.

Sujeta mis tacones como si fueran un manubrio para manejarme. Los cruza, les da la vuelta, los amarra.

Quiero sentir, quiero que sea rudo. Atrapo mis piernas con las manos, las abrazo y las atraigo hacia mí para dejar espacio para que sea mas profundo y duro.

Estoy gritando. Algunos se asustan. Pocos entienden que el acto de penetración implica morir un poco ante la espada de alguien.

Penes florecen a mi alrededor. Apenas  los toco con las manos, ya no tengo ganas.

Otras tvs me tocan, me la jalan, hasta se atreven a besarme.

Está por venirse. El sudor corre por su frente y tiene esa expresión que todos los hombres tienen.

Le clavo los tacones en las nalgas para que no pare hasta que ya no pueda más.

Esta vez nos damos los teléfonos.

¡Quiero seguir!

Quiero seguir

¿Quiero seguir?

Cierta euforia me invita a hacerlo. Respiro un poco, me recuperó en el patio una vez más.

– Nos asustaste con tanto grito

– Así soy de intensa, me río

Me levanto sin avisar. Me quiero cambiar, voy demasiado bitch para la calle. Ellas y ellos quieren verme otra vez… Quieren que se las mame, aunque sea.

Ya tengo en la mano el desmaquillante y el algodón. Ayudo a una chica que fue por la calentura y no sabe qué hacer.

Dudo. Me conozco. Sé que puedo seguir si me entrego al placer…

Opto por irme. No se que sentir. Una mezcla un poco de asco, satisfacción, cansancio y ansiedad me inundan por dentro.

Estoy débil. Paro en un Oxxo por un refresco, ¡Qué más da!

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Sólo por un momento

A finales del 2016, realmente la estaba pasando mal en mi trabajo. Finalmente, todo acabó como acaban las cosas en esos casos.

En medio de ese marisma de locuras, todo parece  nublarse ante ti y encontrar un camino adecuado luce complicado.

En esos momentos, lo único que quisieras tener es alguien que te apapache, un rato de menos.

Así decidí regresar a lo básico. Me olvidé un rato de esto de ‘ser mujer’ y volví a ser un chico… ¡pasivo! Como al principio de todo.

Empece a frecuentar bares de ambiente. A veces tenía suerte y encontraba con quien compartir la cama.

Otras, me iba en blanco. Como chica tengo más pegue. Creo que mi imagen -un poco andrógina- no me ayuda demasiado en estos casos.

Reactive mi perfil de MH, buscando algo más estable. Aunque ahí hacerlo es un poco una utopía.

Primera vez

A mediados de diciembre, en una de esas madrugadas donde ardes por dentro un hombre me contacto. Era bastante decidido, porque a diferencia de los indecisos y ‘calienta güevos’ que abundan por ahí, accedió de inmediato a vernos ese mismo día, pese a lo inapropiado de la hora.

Pedí un Uber y encaminé rumbo al parque Hundido, por donde estaba su departamento. En el trayecto íbamos mensajeando así que había altas probabilidades de que no fuera una mala broma.

Me bajé cerca y caminé hasta la puerta. El portero estaba enfermo así que nadie me vería entrar.

Le avisé que ya había llegado. Tardó algo en bajar. Nos fumamos un cigarro, mientras platicábamos sobre nosotros.

Supongo que le gusté porque apuró las bocanadas y me invitó a pasar.

Él era soltero y compartía su departamento con varios roomies. Tenía más de 40. Su cuerpo era grande y víctima de los excesos de la buena comida.

Nos sentamos en el sillón. Era una casa con un espíritu antiguo. Como la de mis tías y tíos, ya entrados en años y añorando tiempos mejores.

Me ofreció un Whisky para relajar la cosa. Lo acepté sin pensarlo mucho. Al beber el ambarino licor me calenté y relajé.

Lo notó, porque se abalanzó sobre mí para besarme. Fajamos un rato. Yo tenté su entrepierna para averiguar que me esperaba. Demasiados malos encuentros con ‘pititos’ y ‘eyaculadores veloces’ te predisponen.

La tenía normal pero muy, muy gruesa. Si hay algo cierto -y me permiten contárselos- es que si se la tocas a un macho y se le pone dura, sólo hay dos opciones: mamársela o coger.

Mi interés por su herramienta no pasó desapercibido por Mario. Así que se la sacó, él se puso cómodo y yo de rodillas.

Su vello público era canoso,  y por alguna razón me prendió.

* * *

Por varios minutos, me dediqué a chupársela para que no se le bajará la erección.

Yo estaba entradísimo quería tragarme todo su semen. Pero él, para demostrar quien tenía el control, se levantó para ir a la cocina, dejándome solo y sola con el sabor a verga y licor en la boca.

A los pocos, minutos volvió y me condujo a su habitación.

Era oscura y poco arreglada. Fumaba sin parar el aroma lo delataba. Su ropa estaba apilada en el piso. Y su cama parecía que sólo se hacía cuando cambiaba las sábanas, lo cual no era muy frecuente.

Nos desnudamos y le subió a la tele, que nunca parecía apagarse.

Me tendí y en seguida se posó encima de mí. Su verga acariciaba la mía como si quisiera comérsela de una mordida, mientras fajábamos intensamente y me perdía en el reflejo en el espejo.

Me gustaba esa sensación y a él que se la comiera, así que no se la pensó dos veces y  e la volvió a dar. En ocasiones se exaltaba y halaba mi cabeza con fuerza para que no dejará nada afuera. Otras se relajaba y regresaba fajarme sin contemplaciones, a nalguearme, a abrirme con un dedo y otro.

– Pídeme que te la meta

– ¡Métemela papi!

– Suplícamelo

– Por favor papito, ¡Métela que ya no aguanto!, le dije un poco para complacerlo y que ya me cogiera.

Buscó un condón en la cómoda. Le pasé el lubricante. Me dio la vuelta y lo untó en mis nalgas, ano y demás.

Pensé que lo haría así. Así que agarre la almohada. Nada más falso.

Me hizo girar y abrió mis mis piernas y se colocó en medio. Su pene ya rodaba mi culo. El seguía besándome todo lo que podía, metiendo sus dedos en mi boca, orejas, culo…

Hasta que la sentí entrar. Comencé a sudar del dolor. Era muy gorda. En esa posición  busqué los poppers que traía. No quería que me la sacará.

Los inhalamos y comenzó el frenesí. Me la metía y me la sacaba toda de golpe. Luego picones cortos y continuos. Espacios interminables en los que mi ano se quedaba vacío y abierto, ansiando que lo llenarán de nuevo embate más salvaje, el cual no tardaba en llegar.

Respiré el aroma de los poppers varias veces para aguantar eso. Finalmente se vino. No retiro su verga hasta que sintió que la flacidez haría difícil sacar el condón repleto de néctar blanco.

Las demás veces

Después de eso, comenzamos a vernos. A veces sólo para tomar un café y otras para cenar y coger de postre.

Me contó sobre sus anteriores parejas, sus amigos y demás… Todo en la cama. A veces es mejor que cualquier confesionario.

Un sábado… tarde como siempre me buscó para vernos. Los encuentros nocturnos son siempre los más excitantes.

Le dije que sí, pero que no podía quedarme porque tenía que ver con una amiga para ir al cine.

Cerca de las nueve, nos encontramos para echarnos un rapidín.

Seguimos el ritual del sillón. Especie preámbulo para él. Había pedido algo de la farmacia así que nos interrumpieron.

Aproveche para desnudarme y lo esperé ahí. Se sentó en cuanto dejó las cosas sobre la mesa y yo en sus piernas frotando mis sexos en su verga que se levantaba.

Uno de sus roomies entró y nos vio sin demasiada sorpresa. Supongo que solía llevar a otros chicos a parte de mí.

Nos fuimos a la habitación.

Me puse en cuatro en su cama, ofreciéndole mi culo. Él se desvistió velozmente y buscó el preservativo donde siempre.

Comenzó a preñarme. Pasó su cenicero en mi espalda y me cogía mientras fumaba. Eso me excitaba mucho. Dos tabacos después nos separamos para descansar y hablar.

– Tú me gustas, me dijo

– ¿Ah, si? Le respondí

– ¿Yo te gusto?

Ahí no supe que responder.

Cambiamos de tema. Y fumamos e intercambiamos recetas de cocina. Miré el reloj.

– Ya me tengo que ir

Me incliné para buscar mi ropa, pero el me arrastró hacia su cuerpo. Frotaba su palo contra mis nalgas hasta que acertó.

Comencé a mover el culo para exprimirla.

Ensartados dimos la vuelta y quede sobre él. Era difícil mantenerla a dentro pero insistimos hasta que me agarró por la espalda para penetrarme de frente.

Mis pies estaban en sus hombros y él se movía cada vez más rápido.

Me tomó por los tobillos y entrelazó mis pies para llegar hasta donde se podía llegar de mi profundo orificio.

De la nada sentí el semen acariciar mis entrañas. Cálido, grumoso, espeso, suave. Tanto que yo me vine.

Mientras me limpiaba, sólo dijo que olvidó ponerse el condón.

Después de eso nunca nos volvimos a ver.

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El último del año

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No me juzguen. Quizás es la mejor manera de empezar este texto. El último año han pasado muchas cosas en los últimos meses. Algunas buenas y otras malas.

Debo decir, que este ha sido uno difícil. Seguro no sólo para mí. También para muchos de ustedes.

Ha habido subidas y muchas bajadas. Tristezas pero hemos encontrado nuevas fortalezas donde antes no estaban, ¿No es verdad corazones?

Contar la última historia del año implica: escoger una digna de contar, una lo suficientemente caliente, una inolvidable, una que no sea lo que esperan…

Un gran dilema para una chica tímida e indecisa como yo. Es parte de mi feminidad y todo lo que lleva. Ya se imaginan: que si me siento gorda, que si mi cuerpo fuera diferente, que tal si fuera activa y no sólo pasiva, que si…

Soy sumisa en la cama. Quizá porque desde niñ@ entendí que soy pasiva y que me gusta más que nada en el mundo sentir a alguien dentro de mí. Por eso ,simplemente me entrego sin más. Tengo mis límites. Además de pequeños traumas de los que no puedo librarme y muy probablemente nunca lo logre.

Y por si esto no fuera suficiente, cargo con mis peculiaridades que crecen día a día.

A veces estoy tan caliente que me vengo y se apaga el fuego. Otras veces se vienen y me dejan a medias.

Me gusta tragar el semen pero sin que me obliguen.

Amo las nalgadas -y fuertes- pero no la violencia.

Si hay muchos chicos me dejo llevar… Pero siempre con precaución. No soy una suicida, pero si temeraria.

Soy muy cobarde, muchas cosas me asustan -mi psicóloga diría que pienso demasiado y disfruto poco-.

Muchos me buscan por estas historias. Prefiero a los que no saben ni que existe este blog, sólo porque no esperan nada más que disfrutar. No buscan a la Darla, ni a la Paloma, sólo pasarla bien y si sale algo, está bien.

El contexto es complicado de llevar.

Esta historia empieza con un Tweet. Las cabinas se han convertido últimamente en puntos de reunión para… coger y exhibirse. No hay que darle más vueltas.

Ahora hasta tienen bar y los que asisten se organizan para compartir sus parejas o simplemente para que los vean copular.

El tweet del que les hablo venía de una de estas.

Tenía poco que se había inaugurado. Y me daba más confianza que las que hay Juárez.

Andaba en la depre -para variar- y bueno lo caliente nunca se me quita. Y pensé ¿Por qué no?

Me arreglé. Normal. Soy una chica. No ando en lencería todo el tiempo, es más creo que nunca he intentado comprar un jueguito más o menos sexy. Uso lo que cualquier mujer.

Cerraban a pasadas las 10, así que me venía bien. Trasnochar era algo que no buscaba.

Pedí un Uber y llegué. Hay una escalera, donde casi me mato.

Un lindo chico en la entrada me advirtió:

– No hay mucha gente

– No hay problema, ¿Cuánto es?

– 60

Pagué lo justo y entré.

Que hubiera poca asistencia estaba perfecto. Era mi primera vez y mis experiencias en las cabinas no han sido las mejores.

Además me permitía explorar y darme un respiro.

En la penumbra piensas cosas -algunas no demasiado buenas- pero piensas.

Había un par de chicos que pronto desaparecieron. Supongo que esta muñeca no era lo que esperaban.

Me encerré en un cubículo y me quité las gruesas medias que llevaba.

Fue en esos días en que frío se soltó con el mismo diablo y andar en la calle enseñando pierna es un poco asfixiante.

Los de las cabinas me hicieron el favor de twitear que andaba por ahí:

Empece a recibir mensajes en cuenta, así que como dicen me senté a esperar.

* * *

No esperé demasiado…

Un despistado cocinero de un restaurante cercano, hizo su aparición buscando desfogarse y que mejor que en ese lugar, donde a nadie le importa que especie te gusta.

Jugueteaba con mi teléfono cuando se metió a la cabina contigua. El ritual de siempre. Se abrió la bragueta y comenzó a jalársela.

No era demasiado grande ni pequeña normal. Hay de todo en el mundo.

La miré un rato. Él se asomaba para ver que pedo.

Yo estaba indecisa, no estaba segura de lanzarme en ese viaje.

– Ven

No lo dude salí y me tomó de la mano para arrastrarme a otra cabina, una más intima. Tan pequeña que apenas si entrábamos los dos.

Cerró la portezuela y se la empece a mamar -previa aplicación de un capuchón-. Olía a cebolla y hablaba y hablaba mientras le hacía un trabajito.

Me bajó el vestido y me quitó el bra. Empezó a comerme mis minúsculas tetas.

– Estas buenísimo

Repetía una y otra vez. Para él sigo siendo hombre. Sus manos buscaban mi culo.

– ¿Quieres que te la meta?

Tuvo la decencia de pedir permiso.

Me libre de la tanga y me di la vuelta par ofrecerle el culo.

– ¿No cobras, verdad?

Le dije que no. Le puse un nuevo condón. Y empezó a tratar de penetrarme. Me estaba haciendo daño. Así que lo interrumpí.

Busqué lubricante en mi bolso.

Asustado me preguntó:

– ¿Qué buscas?

Le puse un dedo en los labios y unté un poco de ese cristalino líquido entre mis nalgas y su pene.

Pronto me estaba bombeando. Cuando yo empezaba a gemir se vino.

Tomó aire y se vistió. Le pedi ayuda para sujetar mi bra. También con el cierre del vestido.

Salimos. Yo al baño a limpiarme y él de las cabinas. Creo que probar lo que quieres y no estás seguro es desconcertante para algunos.

* * *

Regrese a mi cabina. Había dejado ahí mis medias y la neta me gustó la peli.

Revise mi twitter y tenía unos mensajes. Un chico me preguntaba si aún estaba ahí.

Obviamente, sí. Así que le respondí y dijo que no tardaba.

Puse labial en mi boca y una vez más esperé.

Otro mensaje un poco desesperado: ¡¿Dónde estás?!

Salí al pasillo para que me viera.

Cruzamos unas palabras. Era casado y tenía que ir a una cena pero se quería echar un polvo. ¿Quién soy yo para negar ese pequeño placer?

En esas cabinas hay un cuarto oscuro. Peculiar porque, todo es oscuro. Así que digamos que es un cuarto grande para estar en la oscuridad.

Lo llevé para allá para estar mas cómodos.

– Conoces muy bien el lugar

– Es la primera vez que vengo

El sitio es pequeño lo puedes recorrer en minutos, pero los juegos de sombras cambian las perspectiva de todo.

Sabía lo que quería, debo reconocérselo.

Me tomó por las caderas. Le echo un vistazo a lo que se iba a comer.

Me acomodé sobre uno de los improvisados sillones -si es que se les llama así, en caso contrario corríjanme por favor-.

Buscó nerviosamente un condón y un sobresito de lubricante en sus jeans. Cuando estuvo listo sentí como entraba en mí.

– ¡Qué rico estas muy lubricadita!

Su verga empezó a calentarme y yo sentía muy rico. Se me paró. Él seguía con ‘entra y sale’ cada vez más enérgico.

Empece a mover el culo para que llegará más y más adentro.

Con mi mano buscaba su culo para que no la sacará.

Pero sin más… se vino.

– Ahorita nos echamos otro palo reina

Fui al baño y él recibió una llamada de su esposa. No hubo segunda vuelta.

* * *

Un poco desilusionada regresé a mi cubículo y empece a tocarme. No llegue a nada. Estaba ensimismada en mis ideas.

Estaba a punto de irme, así que me arreglé.

– Cinco minutos más
– Bueno

Esos malditos diálogos internos.

Me metí al cuarto oscuro y me acosté.

Alguien estaba en el bar y pidió un trago. Escuché que rondaba por ahí. No le di importancia porque se guardó en alguna de las cabinas.

Lo supe por el estruendo al cerrarla.

– En fin, dije con desdén

Me perdí por algunos momento en la oscuridad y la música electronica que ponen ahí.

Tenía los ojos cerrado cuando una silueta estaba a mi lado.

Era un chico alto, mucho más que yo. Estaba totalmente desnudo. Sólo portaba unas botas industriales. Su cabello era muy largo. Creo que un darketo.

Su verga era muy grande y la había puesto enfrente de mi cara.

La sujeté con una mano para jalársela y arrebatarle un poco de calor.

Me incorporé para verlo mejor.

Los dos estábamos de pie. Sujeté sus nalgas mientras me abrazaba muy fuerte y frotaba su tranca contra mis piernas.

Las apreté para no dejar escapar su miembro.

Comencé a besarle el pecho y sus pezones hasta llegar a su paraíso salvaje, cubierto por una densa maleza negra y dócil.

Busque un preservativo en mi bolsa y comencé a mamársela.

Estaba en cuclillas para abrir mis piernas y tocarme mi sexo.

El comenzó a excitarse y pronto la felación se convirtió en una cogida oral.

No se cómo me cabía eso. Lagrimas escurrían por mis ojos. Yo estaba prendida del olor de su sexo y de la sensación de su vello sobre mi cara.

Varias veces las arrancó de mis labios para golpearme el rostro con ella. Lo cual me traía loca.

Me hizo subir y de plantó un intenso beso con lengua incluida.

Nos miramos sin amor, sólo lujuria había entre esos dos cuerpos.

Giré mi cuerpo. Coloqué ambas manos contra la pared. Arquee mi espalda y separé las piernas para que hiciera conmigo lo que quisiera.

Ante mí sólo una pared pintada de negro y mis uñas naranjas.

Atrás, él acomodaba tiernamente mi vestido y me despojaba de mi tanga.

Sus grandes manos acariciaban con lubricante mi ano. Dejé escapar un suspiro. Y una pausa expectante. Segundos de duda.

Un segundo suspiro y todo se tornó confuso. Una daga de placer me atravesaba sin clemencia.

Apagué mis ojos y sólo tragaba aire y gemía por la boca para aguantar esa caricia infernal entre las nalgas.

Ese dolor celestial, que rogaba que parara con un ‘¡Ay Dios, ay Dios!’ pero que suplicaba me consumiera como el infierno.

Perdí la noción del tiempo. Estaba totalmente contra la pared que replicaba el ir venir de sus caderas hacia adelante y hacia tras, acompañadas del golpeteo contra la madera.

Cuando estas así no hay salidas. Sus exhalaciones se hacia más profundas. Su vaho humedecía mi cuello.

– Vente, vente por favor

Él se negaba. Disfrutaba tenerme a su merced suplicando por más y rogándole que terminará con eso.

Siguió por más tiempo. Comenzó a apretarme. La sacó toda y en un ultimo movimiento la abalanzó hasta el fondo de mi ser.

Se sostenía de mí. Estaban por cerrar. Aún así nos quedamos pegados hasta que su verga me liberó y yo pude moverme.

* * *

Gracias por hacer de este espacio algo lindo, no puro, pero si lindo. Por tener el valor de leerme y hasta de escribirme Sin ustedes no se si podría seguir. Les deseo el mejor año que puedan tener.

Los Ama profundamente

Paloma

 

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Miedo

Mis relatos siempre hablan del amor, del sexo, de la pasión, de la desesperación y la incontenible locura que todos llevamos dentro, la cual -para bien o para mal- es el motor de nuestros sueños y esperanzas.

Sueños y esperanzas, pedazos de mí, de ti, y muchos otros.

Estos días por primera vez sentí miedo. No ese miedo a atravesar la puerta y que tu vecino te mire cubierta de maquillaje y con una peluca. No ese miedo a salir de clóset. No ese miedo a ser quien eres.

Hablo de uno que no habita en nuestra cabeza.

Hablo de algo real. Ese que se viste de violencia, de sangre y olvido.

Soy una pésima activista, porque sé que si me comprometo con algo seré imparable. Y es un precio que a veces no estoy dispuesta a pagar, por mí y por los que me rodean.

A últimas fechas, la violencia contra las chicas como “yo”. Sí como yo, se ha vuelto algo común, tanto que no se trata de que te insulten por ignorancia o por considerarte ‘distinta’. Sino que pueda ser un pretexto para arrebatarte la preciada vida por la que luchas todos y cada uno de los minutos en que tus pulmones se iluminan y tu corazón brilla.

Aún me perturban, los gritos desesperados de la amiga de Paola diciendo ¡Está viva!, mientras el cuerpo de la chica yace estático y distante.

Pero no sólo es ella, son muchas más. Y serán muchas más.

Frank Thomson dijo: “Estamos acostumbrados a acabar con los que piensan distinto a nosotros”.  Es aterrador y cierto.

Nosotras somos diferentes y no importa. O por lo menos no debería importar en un mundo que replica sin parar el mensaje de “tú puedes ser lo que quieras”.

Y ‘lo que quieras’ no incluye ‘ser mujer, aunque no lo seas’.

En estos días, el poner un pie en la calle para mí era un desafío. Por la cabeza rondaba: ¿Y sí yo soy la que sigue? o ¿Cómo me veré en la portada de la nota roja?

¿Y si yo soy la que sigue?…

Un miedo real. Porque otros pueden decidir por ti.

Somos una comunidad vulnerable. La estadística dice que vivimos en promedio 35 años. Yo pasó de esa edad, quizás porque me decidí tarde o porque he tenido suerte.

Nosotras nos movemos en un mundo peligroso no sólo por lo que tenemos que hacer para convertirnos en estos seres fascinantes y deslumbrantes. También por la ruta oscura que nos obligan a tomar.

He hablado con muchas personas y siempre dicen: “Es más peligroso para ustedes” y lo es.

Claro que lo es… Tener la vida que sueñas lo es.

Ayer decidí no tener miedo a que me secuestrarán, me metieran un tiro o algo peor. Atravesé el umbral de mi casa y salí una vez más, con las tripas revueltas, desconfiando de todo, de cada sombra, del taxista, del que te mira en el metro…

Todo pasa. Sólo se que morir no se compara a que te condenen al olvido.

Durante más de cuatro años este blog se ha convertido en mi trinchera. En mi grito al mundo de como ha sido la vida de Darla, mi vida.

Amen sus vidas y sean quienes son. Cuídense y recuerden que no están solas.

Los quiere Darksy.

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Pedacitos de mí

Darla Kalafina

He empezado a fumar de forma irregular. Amo el olor de los mentolados. Benson, la cajetilla es linda y su azul metálico me agrada.

Algunas noches salgo a encenderlos y a dejar que se consuman. Me gusta su aroma. De vez en vez una ligera bocanada que me arrastra al desenfreno.

La desierta banca cercana a mi departamento se ocupa de pronto. Es John, un gringo que tiene problemas de sueño. Hemos ensayado esta rutina ya varias semanas. Cada sábado para ser exactos.

Son casi las dos. Y ahí estamos los dos mirando las farolas hablando de todo y nada.

Los patrulleros ya se acostumbraron a vernos. Y ya sólo se molestan a darnos una mirada para cerciorarse de que todo esté bien.

John trabaja en una empresa de tecnología y está de paso. Sólo unos meses, suele decir.

Yo también estoy de paso. Nos hemos convertido en confidentes de banqueta.

Me cuenta cosas de su esposa que vive en Miami. Yo le invento historias de tragedia sólo para ver qué pasa. Es parte del encanto de saber que algo no durará, pero que deseas pintar de otros matices para olvidar un poco la vida cómo es.

Nunca me ha preguntado nada de lo que ya se imaginan.

Lunas van y lunas vienen, lluvias y vientos fríos. De aquellos que no sólo te despeinan, de aquellos que te hacen rodearte con los brazos mientras hundes la cara en tu bufanda.

Él está acostumbrado al frío. Siempre lleva una playera y una cazadora de piel como de motociclista.

Me mira y cambiamos de escenario a su departamento. Un pequeño departamento apenas con lo necesario.

Unas sillas, una sencilla sala, una televisión enorme… Es confortable.

– No necesito más, apura a decir

Está de paso como todos.

Tomamos café, galletas oreo, vino y jugo de naranja hasta despuntar el alba.

Me desconcierta que no haya intentado nada. Todos lo hacen y a la primera.

* * *

Presiono el botón 4 del interfón

– Soy Paloma, ábreme

Sacudo el paraguas, que arroja gotas heladas sobre mis pies.

El ascensor no sirve para variar. Subo haciendo un gran escándalo y saludando a los de la fiesta de abajo. Han de pensar que “Soy la escort de siempre“.

Dejó la sombrilla en pasillo, está abierto. Siempre está abierto. Ya le he dicho que esto no es como en su país y como buen hombre es necio a morir.

– ¿Qué pex mi John para que querías verme?

Las maletas están acomodadas a un lado de la puerta. Creo que es obvio que es para despedirse.

– Pásate Palomita

Me tiro en el sofá mientras sale de su habitación

– Con que ya te vas

Por fin asoma la cara. Al parecer se estaba bañando si no que otra razón para traer sólo una toalla encima (No seas pendeja Paloma, ya sabes que va a pasar. Que va llevamos meses de conocernos).

– Yes, honey. I going back to Miami.

Perder a alguien, siempre duele. Aunque ya me lo imaginaba, no pude evitar que se me saliera una lágrima.

No tengo muchos amigos. Siempre soy distante, errática ¡soy de lo peor acostúmbrense!

– Te compré algo

– De verdad, un regalo…

– Yes

– Deja de pochear

Nos reímos.

Me entrega una bolsa de esas elegantiosas.

– ¿Lo puedo abrir? finjo cierta inocencia al decirlo

– Claro

En el interior de esa fancy bolsa una hermosa lencería. Me pongo colorada.

– Espero que te quedé

¿Estoy tan roja por el obsequio? ¡No! porque nunca he usado algo así y…

– Me gustaría que te la pusieras para mí

Lo que me temía.

Me encierro en el baño para ponerme esas diminutas prendas que a una mujer normal se le verían divinas. A una como yo…

Salgo y…

– No te vayas a reir

Ahí está él con esa cara de “te ves linda aunque no lo creas” y una verga digna de un dios griego colgando entre sus piernas.

En esos momentos, lo que sobran son las palabras.

Sintiéndome tonta vestida, caminé sexy hasta llegar a sus labios.

– Te voy a extrañar y después de esto tú me vas a extrañar a mí

Le susurré al oído mientras apretaba su sexo.

– Yo también te traje un regalo.

Aunque originalmente se lo había comprado como una broma, esa cajita de viagra era ahora una garantía para un viaje sin retorno.

Se rió cuando agité la caja

– Quiero que me des una arrastrada

Sin protestar se la paso. Hizo efecto más rápido de lo que pensaba y no iba a desaprovechar esa verga erguida al infinito.

Se la mamé como nunca, no me importaba atragantarme con esa cosota y sus güevos llenos de semen no tardaron en agradecérmelo.

De un trago me pasé su cálida leche. Después de todo para que sirven las amigas en los días de decir adiós.

Tomamos un aire y platicamos como siempre con un tabaco en la mano.

Pronto la firmeza regreso y yo estaba más que puesta para ser su fundita.

Nos tocamos salvajemente. Mordidas, lamidas, rasguños y esos olores que te prenden.

Para entonces yo sólo traía la minúscula tanga, lo demás se había perdido en la batalla -en el mejor de los casos y en el peor sólo quedaban girones-.

Nos tiramos en la alfombra.

Yo estaba contra el piso y el sobre mi besándonos sin más. Mis piernas ya lo abrazaban y tu pito acariciaba los contornos de mi ano.

Los dos sabíamos que un movimiento más y se daría lo inevitable.

Entendió mi mirada de “ya por favor hazme tuya”.

Culeó y de golpe me destruyó. Mis ojos abiertos como platos se volvieron infinitos en esa mezcla de dolor y placer al sentir entrar su espada que parecía no terminar nunca.

Sin contemplación alguna empezó a cogerme mientas mordía cuanto podía de mí.

Yo gemía como nunca. Cerré los ojos y me entregué a él sin reservas. Era el segundo BB que hacía en mi vida.

Un olor llenó mi enorme nariz y luego mis pulmones. Poppers.

El extásis se amplió. No lo quería detener. Así que dejé que hiciera lo que quería.

Cuando yo suplicaba que parará acercaba a mi ese frasquito que me hacia someterme a él sin reservas.

Cambiamos muchas veces de posición.

Por fin me puso de perrita, al borde del sillón tomaba vuelo para que su entrada fuera lo más poderosa que  la anterior.

Veía luces. Creo que podría haber muerto ahí.

Una inhalación más, tan profunda como pude.

El chorro de semen mojo mis entrañas y escurrió por mis nalgas cuando me la sacó al fin.

Me quedé inmóvil por no sé cuántos minutos…

Dormimos juntos y al despertar él ya se había ido.

 

 

 

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Promesas inconclusas

Darla Kalafina

Aburrida del FB, decidí reabrir mi perfil de Grindr, el cual abandoné por la razón que muchos se imaginan.

Extrañamente, empezaron a llegar varias invitaciones. Charlé con varios chicos. Nada serio.

– Mándame fotos sexys

Es al parecer lo más común. Ese es no mi estilo, o por lo menos no lo es aún. No descartó hacer una sesión de fotos un poco subidas de tono, pero para ello necesito un poco de ayuda.

En fin. En medio de aquel domingo, mientras me intentaba concentrar y adelantar algunos pendientes. Ya saben la ‘ñoña’ que no tiene nada que hacer. Empecé a mensajearme con un chico de nombre David. Estábamos muy cerca y los dos andábamos de calientes.

Usualmente paso los fines de semana gran parte del tiempo siendo yo -así es la Paloma, la Darksy-. Así que como estaba arreglada pues se me hizo fácil quedarme de ver con él ante su insistencia.

Como ‘los calienta güevos’ abundan en el mundo de los ‘cyber-conectes’ no me lo tomé en serio. Le dije que pasará por mí después de las 11.

Faltaba un rato, así que seguí en mis cosas. Cerca de las 10, me preguntó que si no lo podíamos cambiar para después, porque tenía que ir a entrenar muy temprano.

– Como quieras, le respondí

En este mundo de grises donde existimos las mujeres como nosotras, esto es común. Y siempre te causa mucha, poca o algo de decepción. Así que no queda más que decir esa frase: ¡Pinches hombre, todos son iguales!

Ser un TG lleva eso casi casi implícito. ¿Por qué nos tratan así? ¿Por qué sólo nos ven como ‘zorras’ suplicantes de verga?

Desde mi punto de vista, nada más lejano de la realidad. Simplemente nos gusta experimentar y vivir plenamente nuestra complicada sexualidad al igual que todos o por lo menos la gran mayoría. ¿Hay algo malo en ello?

Dejemos esta historia en pausa por un momento.

 

Viaje en metro

Nunca me había subido al metro de chica. Aunque a todo le llega su momento. Dos semanas después de lo que he comenzado a relatar, decidí montarme en el subway para ver que pasaba.

Me moría de miedo pero cuando empiezas a andar no te puedes parar. Caminé a la estación más cercana de mi casa. Me acerqué a la ventanilla pedí que le pusieran unos pesos a mi tarjeta. Había cola, así que tuve que esperar varios minutos.

Llevaba puestos mis audífonos para ahorrarme malos ratos. Además, mi atuendo era muy austero: Vestido azul, botas, medias gruesas, y chamarra de piel.

¡Nada del otro mundo! Una no quiere llamar la atención cuando de por si todos te miran y por su cabeza pasa la idea: “Es hombre o es mujer”.

Fue un viaje tranquilo. Me bajé en Zona Rosa. Había un festival ciclista así que había mucha gente. Caminé un rato por aquí y por allá hasta llegar a Reforma. Había un fiesta a la que me había invitado cerca de Río Lerma y tenía curiosidad por ir.

Me detuve a fumar y a tomar algunas fotos del Ángel.

Decidí darme una vuelta por la zona de antros gays sólo para ver el ambiente. Cuando estaba cruzando la calle, un hombre me miraba. Yo no le prestaba demasiada atención aunque si lo tenía en mi radar. Una debe cuidarse de todo.

– Están lindos tus zapatos

– Gracias

– ¿A dónde vas?

Le dije que al Metrobús. En ese momento se me hizo la mejor excusa.

– Te invitó un trago

– No, gracias no tomo

– Lo que quieras

Seguí caminando y él a mi lado.

– Vamos te invitó un café

Accedí. Había un Vips cerca. Nos dirigimos hacía allá.

Su nombre lo he olvidado. Era de Miami y comerciante. Tenía un acento raro.

Hablábamos de cosas entre silencios.

Pasamos una Sex Shop que está sobre esa calle. Una cuadra más adelante, sin aviso alguno me tomó la mano. Esa sensación cálida siempre es linda. Te sientes menos sola en el mundo.

Unos metros más allá empezó a abrazarme. Habíamos dejado el barullo y las luces de los bares y sólo quedaban las acentuadas sombras de las luminarias.

Sus manos alzaron mi vestido y se perdieron en mi culo. Me hice para atrás de inmediato.

Volvió a intentar abrazarme. Lo dejé. Más para tantear el asunto. Sujetó mi mano de nueva cuenta y la puso sobre su entrepierna, que bajo el pantalón mostraba severos síntomas de excitación.

La despegué y le dije que me tenía que ir.

– Ándale

– No, estamos en la calle

– Vamos a la Sex Shop, hay cabinas. Yo pago

– Me tengo que ir le dije

Se rindió. Le di un beso en la mejilla y olvidándome de la fiesta me apresuré a llegar al metro para volver a mi casa.

 

Espacio

Ayer. En medio de la claustrofobia que atrapa quedarme demasiado en casa, decidí salir a caminar y fumar. Eran como las 11:45, el advenimiento de un nuevo día estaba cerca.

Sólo daría una vuelta, quizás a toda la cuadra o quizás sólo hasta la esquina. En eso reflexionaba, cuando de reojo vi a un hombre en la ventanilla del Oxxo comprando algo, sentí algo. Así que quise cruzar la calle para dejarlo atrás.

Me alcanzó. Me detuve en una zona iluminada cerca de  una taquería.

– ¡Hola! ¿A dónde vas?

– Nada más aquí adelante

Sacó su cartera para enseñarme su identificación, según él para ‘que no me sacará de onda’.

Sus ojos estaban vidriosos producto de su consumo de alcohol.

– Te acompaño

– No, muchas gracias

– Andale estás bien hermosa

– Gracias, así estoy bien

Aclaró que vivía muy cerca.

– Dame tu número

– Sí, claro

En esas situaciones tienes que andarte con cuidado. Empezó a buscarse en las bolsas su teléfono, el cual había olvidado en casa.

– Me lo aprendo

Le inventé uno y se lo dicté. Como su memoria había sucumbido a los afectos de alcohol, decidió ir a pedir algo donde escribir en la Taquería.

Me detuve ahí hasta que regresó. Lo escribió varias veces. Hasta que le señale “Sí, ese es el bueno”.

– Bueno, ya me voy

– Te acompaño, insistió

– No, muchas gracias

Cambié un poco mi ruta hacia la avenida donde había más luz. Como una sombra me siguió esos metros.

– ¿Vas a cotorrear?

– No

– Estás bien linda, te chuparía todo el cuerpo

Sonreí casual.

– ¿Te han lamido el culo? mencionaba mientas sacaba la lengua y la agitaba de un lado a otro

– Sí algunas veces

Intentaba tomar mis manos pero yo las tenía atrapadas en los bolsillos de mi abrigo.

– ¡Vamos a mi casa!. Te haría el amor bien rico

– ¿Tus chichis son de verdad?

– No

– Explícame una cosa ¿Por qué te vistes de mujer? ¿Tienes algún trauma? ¿Te drogas?

– No, ninguno. Sólo soy así

– ¿A qué sales? ¿A buscar hombres?

– Para nada, solo salí a caminar y ya me tengo que ir

Me abrazó y quizo besarme. Giré la cara y sólo se encontró con mi cuello.

– Cuídate, ya me tengo que ir

Mientras me alejaba lo escuchaba repetir una y otra vez el número que había inventado.

 

Un poco más

“Un rapidín” apareció en la ventana del chat. Sin pensarlo demasiado le dije que “sí” y le compartí mi ubicación.

Un cigarro después estaba afuera esperándome. Ibamos a ir a un hotel, pero preferí invitarlo a pasar a mi casa.

En la habitación más tardamos en entrar que en desnudarnos.

Se la empece a mamar, estaba rico su pene para que mentir. Nos acomodamos para hacer un 69.

No sabía como acomodarse así que yo tomé la iniciativa y me monté sobre él.

Así seguimos un rato.

“Cómeme los guëvos” pedía mientras él también me la chupaba. Creo que todo iba bien hasta que…

– ¡Quiero que te vengas! y luego cogerte

Yo no quería, sé como funciono y así las cosas no iban a salir nada bien. Ante su insistencia lo hice.

Terminé sobre su pecho, insatisfecha por obvias razones. Busqué unas toallitas húmedas para limpiarlo.

Ya no quería que me cogiera después de eso. Pero la tenía dura aún y ni modo de dejarlo así. Se la seguí mamando y quería que me deslizará hasta su culo.

No sé que me pasa, pero eso no me atrae demasiado. Así que me dije paso.

Terminó por venirse. Su semen era amargo. Como esa relación.

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Pasa ligera, la maldita calentura

Darla Kalafina

Después de lo que les conté en “Demasiada locura“, los días subsecuentes fueron literalmente un infierno.

Ese desenfrenado momento que viví, aparentemente, como ‘chico’ ante los ojos de todos aquellos hombres que me poseían sin contemplación alguna.

Sin embargo en mi cabeza,  la realidad era otra. Aquellos instantes, los vivía intensamente como una mujer. Yo me veía como una mujer y me sentía como tal.

Me atrevo a decir que estoy más allá que pa’aca. Cruce una línea que me impide regresar a ser lo que fui. Y ni modo. En esto ya no hay vuelta atrás.

Esa noche, me trastornó irremediablemente. En la oficina mi concentración estaba en otro lugar.

Me quedaban sólo unos días antes de partir. Tenía el tiempo encima y no me sentía cómoda. Esas emociones te dañan y te hacer tonterías con tal de que paren.

Tenía que resolverlo por el bien de mi paz mental. Publiqué varios anuncios, por aquí y por allá. Le escribí a varios chicos que me contactaron por Face.

Mi idea era organizarme un maratón de despedida. Algo complicado. Un poco imposible pero… la vida me quiere demasiado.

* * *

Logré confirmar a tres chicos. Quedamos de vernos el viernes. Así que los escaloné en diferentes horarios.

No me juzguen, sólo quería sentirme llena, quizás no de amor pero sí del cuerpo de alguien.

Terminé como pude mi trabajo y, ante la sorpresa de todos, me salí a mi hora. Ni un minuto después ni uno antes.

Mi primer invitado llegaría a las 10 de la noche, el segundo a las 12 y el siguiente a las dos.

Las reglas eran sencillas. Ellos pagaban el hotel y sólo tenían una hora para estar conmigo. Además, últimamente les pido “una propina”.  A parte de que me gusta sentirme un tanto puta, es una especie de filtro para saber a qué están dispuestas las personas que me quieren ‘tirar’.

Los tres accedieron a mis reglas.

* * *

Llegué a un hotel que está en Viaducto y muy cerca de mi casa. Dejé mi auto. Y me acomodé para arreglarme. Llevaba dos vestidos y algo de ropa extra por si a caso.

Hice lo mío. Ahora sólo quedaba esperar.

Carlos era el primero…

Me mandó un Whats para saber sí se armaba o no. Le dije que sí y le envié el nombre del hotel y mi número de habitación.

Puntual a las 10:00 tocó la puerta. Olía un poco a alcohol y traía una botella de tequila.

Lo primero que hizo fue darme lo del hotel y 500 pesos más.

– Debería hacer esto más frecuentemente, pensé.

Al dejarlos en el tocador empezó a desnudarse. Era alto, muy delgado, todo cubierto de vello. Su voz era un poco aguda.

Se sentó en la cama y empezó a jalársela.

– Ven a chupármela, ¡Pinche perra!

Te arriesgas a eso cuando pides propina. Es como si fueras de su propiedad.

Sin chistar, se la empecé a comer. No era muy grande ni larga. Su espesa cabellera me hacía cosquillas.

En cuanto, su erección fue lo suficientemente rígida, me hizo darme la vuelta para metérmela.

No me quejé ni le pedí que fuera amable. Sabía en lo que me había metido y había que aguantar.

Me culeó un rato hasta que se vino. Me la sacó, y sin más se fue al baño. Tomó su ropa y partió.

Me fumé un cigarro, contraviniendo las indicaciones del hotel. Afortunadamente, mi cuarto daba a la calle y tenía un gran ventanal.

Retoque el maquillaje, no quise ponerme las medias de nuevo -para que-  y me tiré a ver la tele. No había durando demasiado así que tuve mucho tiempo para pensar.

* * *

Tanto, que me quedé dormida, pasaba un poco de la media noche. Y no sabía nada de José Antonio. Empezaba a lamentarme y las dudas de: ¿Si mi noche de placer sólo terminaría con aquella insípida cogida digna de un burdel de mala muerte?

Por fin, José Antonio escribió. Se había salido con unos amigos. Era casado y el pretexto nos venía bien a todos.

Su estatura era normal, algo entrado en kilos -como buen casado-, su vello era entrecano. Su voz era rasposa y tosía por tanto fumar.

Me dio lo del hotel. Y nos sentamos en la cama a platicar. Era muy divertido, contaba chistes y anécdotas, al tiempo que iba acortando la distancia conmigo.

Sin darme cuenta ya estábamos fajando. No hay nada más seductor que alguien con buena plática.

Se abrió la camisa para que le besará los pezones. Me escurrí entre ellos. Los lamí y hasta los mordí un poco más de lo tolerable para ver que pasaba. Se sacudió y como una víbora recorrí sus labios, su cuello y su abdomen.

Sudaba vastante. Lo miré a los ojos mientras con una mano arrancaba el cinturón.

– Quieres lo que todas quieren, perrita.

Con ojos coquetos y con voz queda dije que ‘sí’.

Su pito era grande. Sentí que me había sacado la lotería. Pero luego te acuerdas lo que implica que una cosa de ese tamaño entre en tu culo.

– ¿Tu esposa debe estar siempre feliz?

– No se queja

Se la mamé con si no hubiera mañana, no pensaba en el ‘ahogo’ que me causaba al llenarme la garganta.

– Así Palomita, ¡Uy! Así

Sólo alcanza a decir.

Yo no quería que se corriera en mi boca, así que me paré y caminé por los condones de mi bolsa.

Le arrojé uno para que se lo pusiera. Luego le pase el lubricante.

Me recosté para que ‘inyectará’. Sin embargo, él no quería eso. Me tomó de la mano y me llevó hasta la ventana.

Apoye las manos en ella. El alzó la parte inferior de mi vestido y halo mi tanga. La cual cayó víctima de la gravedad hasta mis pies.

– Quiero cogerte parada

Separe las piernas mientras acariciaba mis nalgas buscando mi ‘hoyito’. Cuando lo encontró empezó a meterme un dedo para lo que llaman ‘abrirte’. Por dios, eso no se abre.

Sentí como la cabeza de su verga me taladraba. No le costó entrar, estaba aún dilatada después de mi último ejercicio.

Cuando la sentí su pubis y sus gordos testículos contra mis ‘nalguitas’ suspiré porque me había entrado toda.

Así empalada me paso un cigarro.

– Quiero que fumes mientras que cojo

El fumaba también. Ese humo nos rodeaba. Era delicioso y terrible. Tuve que pedirle que parara para buscar algo en mi bolsa. Ese liquidito especial que te quita el dolor. Me rocío un poco.

Hizo su magia de inmediato, ya podía disfrutar. Seguimos por largo rato. Me imagino lo que los vecinos de enfrente pensarían a verme haciendo gestos como aquellos.

– ¿Dónde lo quieres mi reina?

Me safé y me arrodillé para tragarme tu néctar. Un denso chorro blanco, caliente, grumoso y ácido brotó en varios chorros.

Cansados nos tiramos en la cama. Respiró un segundo. Se echó otro cigarro y empezó a abotonarse la camisa y a subirse los pantalones.

– Me tengo que ir mami

Se acercó y me dio un beso en la mejilla mientras me ponía en el escote un billete de 200.

* * *

Después de aquello no se si podría más. Me di un duchazo rápido para estar limpia, cuidando de no arruinar mi maquillaje.

El maquillaje lo es todo para una chica.

Ya mas relajada por el agua caliente, me vestí de nuevo. Y de nuevo llegó la alerta a mi móvil.

Adrián estaba llegando. Corrí a abrirle, por poco y doy un mal paso.

Me recibió con un beso.

– Hasta que se me hizo con la Paloma, dijo sinceramente emocionado.

Repetimos la rutina, me dio lo del hotel y una nalgada. Un buen detalle, a mi parecer.

Era guapo, confiado, despreocupado me atrevería a decir. Olía aún a loción. Se veía mas joven de lo que me dijo.

Me contó que acababa de dejar a la ‘pesada’ de su novia y que por poco no llegaba después del pancho que le armó por sacarla de la fiesta.

Creo que quería desahogarse, confesiones de alcoba. Trabajo, amores, dudas, ‘seré gay’, etc.

Lo escuché atentamente, hasta que su alma descansó.

– Las fotos no te hacen justicia, estás más linda de lo que pensé

– Gracias

Puso algo de música, quizás alguna estación de jazz que estaba por ahí.

Apagó la luz. Regresó a la cama y empezó a acariciar mis piernas.

Las caricias subieron de nivel al compas de la confusa programación de esa estación que igual ponía rock en español, que canciones pop de moda.

Sus ágiles manos empezaron a despojarme de mi ropa. Siento que el encanto se va cuando lo hacen. Me dejé llevar.

El se quitó la suya.

Me gusta estar desnuda junto a alguien, debo aclarar en este instante.

El tacto de otro cuerpo junto al tuyo es lindo. Sin nada que se interponga. Las texturas son distintas. Sientes el sexo del otro junto al tuyo.

Como siempre una cosa lleva a la otra, sin ofrecer resistencia sentí aquella estocada diluyéndose y volviendo como una marea desbaratando mis entrañas.

No había que buscar respuestas. Era lo que él quería y yo, la ella, que él quería para montar esa madrugada.

Rodamos por la explanada arenosa de la cama. Siempre limitada por sus cuatro espacios. Cambiábamos de postura a cada instante, buscando afanosamente ese diminuto consuelo que te da estar en alguien y tener a alguien adentro.

Por fin, terminé encima de él, rogando que durará un poco más. Mis caderas ascendían y bajaban abrazando su pene. El me miraba y respiraba tratando de impedir lo inevitable.

Dejé que entrará toda por el angosto canal bordeado por mis nalgas. Comencé a mecerme despacio para llevarlo a ese segundo de paraíso que nos llega al eyacular.

Un sumiso grito y la flacidez sutil… ¡Qué más da! Es mi vida.

 

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Demasiada locura

Era noviembre y la última semana que estaba en México. Iba a realizar un viaje a un lugar muy lejano. Así que no tenía otra cosa en la mente, más que no olvidar mi pasaporte o tener lista mis maletas.

Afortunadamente, se atravesó un puente. Así que pensé en usar ese largo fin de semana para descansar y avanzar con los algunos pendientes.

No avance gran cosa. Como era de esperarse. Mi alto grado de distracción y la falta de emoción me hacían hacer cualquier cosa menos las importantes.

Un mensaje de Whats de la nada hizo vibrar mi celular. Era Félix. Un chico gay que conocí hace algún tiempo en un Starbucks cerca del metro Chilpancingo.

Supongo que le agradé, porque me hizo la plática y hasta me invitó un expreso.

La barba lo hacia verse mayor aunque no lo era tanto.

Entre nuestra platica soltó esta especie de embrujo:

– Me gustas para invitarte a una orgia, ¿Cómo ves?

Sólo me quedó sonreír y ponerme colorado. Como iba de chico pues creo que no se imaginaba de mis inclinaciones.

– ¡Ándale! Se pone bueno. Llegas te quedas en calzones o te desnudas. Y lo demás se da solo. Además con ese culote mínimo te comen seis, porque se ve que eres súper pasivo.

No sabía que responder.

– Me gustaría pero…

Y ahi viene el momento incómodo donde explicó muchas cosas de mí, ya saben que soy transgenero, que me visto, que quiero ser mujer, etc.

Pensé, que al oír todo aquello olvidaría su loco plan. Sin embargo, se prendió más.

– Mira ‘precioso’ me da igual si te vistes o no. La verdad me gustas y quiero cogerte en publico. Pero si no te sientes ‘cómoda’ -en ese instante sonrió- no hay bronca.

Me dio su número y empezamos a chatear. Varios días. Varias semanas. Hasta que llegó ese mensaje. Quería ir a celebrar su cumpleaños.

¿Quién celebra su cumpleaños en una orgía?

En fin, me rogó y me rogó.

Eso de las orgías no es tan divertido para mí en la actualidad. Tenía años que dejé de ir.

Y me seguía rogando…

Le dije que si quería lo invitaba a cenar pero de lo otro no.

Finamente, aceptó y fuimos a un restaurant que al parecer le gustaba. Era muy íntimo así que podíamos hablar libremente de todo.

Entre vino y cervezas, yo ya estaba mareada. Y el se ponía juguetón. Tocando mis piernas y mi entrepierna por debajo de la mesa.

Pedí la cuenta. Se ofreció a darme un aventón. Pasaba de la media noche. Para mí un Uber o un taxi eran mejor opción, menos comprometedora al menos.

En el estacionamiento a punto de decirle que yo mejor… Me plantó un tremendo beso mientras apretaba mis nalgas.

– Qué princesa me vas a dar mi regalo o qué pedo

Daniel iba muy en serio. Así que dije que sí

* * *

Llegamos a las cercanías de Taxqueña. Daniel aparcó el auto en una calle medio perdida. Nos bajamos, le dije que me diera chance de echame un cigarro. Eso realmente me ponía estresada.

Para mis adentros me dije: Qué mas da.

Llegamos a un edificio que se veía bastante sólo. Nos recibió un chico muy amable, quien nos cobró la respectiva cuota.

De inmediato anotó nuestro nombre en una lista, nos dio una pulsera con un número y una bolsa de plástico para dejar nuestras cosas.

– Hoy es de desnudo, total ¡eh! amores

Había unos sillones donde podías quitarte la ropa. Enfrente una puerta que permitía a los que ya había llegado hace un rato mirar a los recién llegados.

Nos quitamos todo y entregamos nuestras respectivas bolsitas.

Me echo por delante con una nalgada.

La siguiente habitación tenía varios sillones acomodados contra las paredes de la habitación para que pudieras circular libremente por el centro.

Al fondo había una barra de bebidas. Nada fancy, sólo lo elemental: Tequila, agua, refresco, algo de ron, vodka.

Varios hombres platicaban mientras otros miraban la pantalla donde corría porno gay.

En el techo, pendía una bola disco que ya había visto sus mejores años.

Félix se preparó una bebida y platicaba con sus conocidos. Yo caminaba erráticamente con el culo frío.

Más adelante estaba el cuarto oscuro.

Ver tantas vergas, las caricias previas y el alcohol me tenían ciertamente confundida. Cuando menos me di cuenta había atravesado la cortina de delgada tela negra.

El espacio era pequeño. Mis ojos tardaron en adaptarse a la oscuridad. Hacia mucho calor. El piso estaba resbaloso. Había una cama y unos sillones de piel.

Varios chicos se la jalaban recargados contra la pared. Otros cogían en una esquina. Otros sólo miraban.

Otros más caminaban en los diminutos espacios del hacinado cuarto acariciando culos y pitos sin parar.

Tanta piel, vergas duras, nalgas… Todas rozándote al unísono. Tantas personas dejan poco espacio para moverte libremente.

El calor me empezaba a sofocar así que busque la puerta. Cuando de pronto unas manos me sujetaron por la espalda.

Envuelta en aquel éter me dejé arrastrar a la oscuridad.

Aquella sombra besaba mi cuello mientras apretaba su duro falo contra mis nalgas. Como un mago sacó un condón con el cual enfundó su pito. Lo acaricié para estar segura de que se lo había puesto.

De un rápido movimiento la introdujo entre mis nalgas sin darme tiempo de protestar. La dejó ahí un momento mientras me la jalaba con su mano. Él también quería estar seguro de que yo estaba caliente.

Me empezó a penetrar duramente. Me incline para poder balancear mi culo y disfrutar de aquello.

Al hacerlo mi cabeza quedó automáticamente a la altura de las vergas de todos.

Pronto me vi rodeada de tres vergas que jale hacía mí para poder comérmelas todas.

Las degusté por varios minutos mientras aquel macho se daba gusto mientras decía una y otra vez: ¡Qué nalgotas!. Por fin, eyaculó.

Paramos, me solté de él para y de di la vuelta para darle un beso.

Estábamos fajando cuando otra sombra preñó mi ano. Me bombeó un poco y luego me tiró a la cama donde otros chicos como yo éramos sometidos y reducidos en mi caso a mi condición de putita.

Siguió así hasta que terminó dejándome cubierta de sudor.

Salí al baño a limpiarme y a buscar una bebida y de paso a buscar a Félix.

Cansada me tiré en el sillón. Me adormilé. Creo que me perdí por unos 10 minutos.

Unos labios que chupaban mis pezones apasionadamente me volvieron a la realidad.

El cuarto oscuro se había extendido hasta la otra habitación. La única luz era la del televisor acompañado por la hipnotizante música electrónica.

Entre mis piernas sentí el calor de otro cuerpo y como una cálida verga de gran tamaño empezaba a reclamar lo que era de ella.

Me sujeté a ese cuerpo mientras las mordidas y lenguetazos del otro frente terminaron con una verga escurriendo en mi boca.

Como puede me paré cuando mis dueños dejaron de jugar, creo que hasta cojeaba un poco. Me aseé en el baño.

Al salir y ver tantos machos cogiendo me llenaron de nuevo frenesí y mi verga se puso dura como el acero.

Entre al cuarto oscuro una vez más…

Pronto, tenía a varios encima. Sutiles toques, besos, apretones toscos sobre la verga, sobre mis nalgas, algunas palabras sucias al oído.

Sólo cerré los ojos y me dejé llevar. Sin más, acabé dándolas una vez más al lado de otros cuatro que apretados sobre la cama en posición de ‘perritas’, como si fuera un concurso de ver quien hacia gritar al otro, nos dejamos atrapar por el placer.

Los cuatro éramos cogido salvajemente. Nalgadas y esa pieza del hombre que todas añoramos entrando y saliendo si parar era la sinfonía que nos acompañaba.

Mi semental fue último en venirse…

Esa locura podría seguir pero yo no podía más… pedí mis cosas y salí.

No vi a Félix en aquella penumbra y no sé si recibió su regalo…  En la oscuridad todos los gatos son pardos.

 

 

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